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Reportaje:DÍAS DE DIVERSIÓN

Diez días más para mimar el oído

La Quincena ha rebasado sus previsiones de venta de entradas antes de finalizar el festival - La voz se impone y la música de cámara, sin respaldo

Comienza la cuenta atrás. La Quincena Musical se adentra hoy en los últimos diez días de su 70ª edición con algunos de sus ases guardados en la manga que esperan a saltar a los escenarios del festival donostiarra de música clásica.

A pesar de que faltan días para hacer balance, el director adjunto del festival, José Antonio Echenique, adelantó ayer a este periódico que la respuesta del público está siendo muy positiva, ya que se han superado en un 10% las previsiones de venta de entradas y los conciertos del Kursaal han alcanzado la media de ocupación del 95%.

Con los ciclos de música antigua y de órgano ya clausurados y con otros a punto de hacerlo, como el de cámara -que finaliza hoy con obras de Prokofiev y Stravinsky de la mano de la pianista Rosa Torres Pardo- o el de la Quincena Andante que cierra su peregrinaje mañana en Hondarribia, el festival tiene aún mucho que decir.

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"Hemos empezado con todo", resumía Patrick Alfaya, el nuevo director de la Quincena Musical, en una reciente entrevista en EL PAÍS. Tras un comienzo vertiginoso que atrajo a San Sebastián a La Fura dels Baus, Jordi Savall, Maria Joao Pires o la West Eastern Divan Orchestra, la Quincena ha dado paso a semanas más tranquilas, con repuntes como el de la Budapest Festival Orchestra de Fischer o el Coro y Orquesta Sinfónica de la Capilla de San Petersburgo. En estas últimas semanas han tomado los escenarios citas más emotivas, las más valoradas por José Antonio Echenique, quien destacó el simbolismo de los homenajes a Laboa, Félix Lavilla y Azkue.

Arkaitz Mendoza, crítico musical, ensalzó ayer que en esta edición prevalece la voz y que en los próximos días se tendrá el excepcional lujo de completar en la Quincena el trío de los mejores contratenores en la actualidad: Andreas Scholl, Bejun Mehta y Carlos Mena. Este joven crítico se lamentó de que la música de cámara haya sido una de las más castigadas en cuanto a la asistencia del público y recalcó que los conciertos están siendo "de gran calidad", pero que la respuesta del aforo no ha ido acorde con ello. Gabriel Loidi, compositor y profesor de Musikene -el Centro Superior de Música del País Vasco-, también defendió la música de cámara del festival, aunque admitió que "echo en falta los grandes cuartetos de cuerda".

Sobre el ciclo de música contemporánea, Loidi, que compone este tipo de piezas, opinó que "eliminaría el Ciclo de Música Contemporánea" y coincidió con Mendoza en que la solución pasa por aumentar la producción de estas obras pero introduciéndolas en conciertos con otro tipo de obras.

Quedan diez días, pero han pasado ya 23 y, cómo no, las anécdotas no faltan en las conversaciones sobre la Quincena. Desde Loidi, que se manifestaba contra los abanicos de las mujeres "porque es un ritmo que no va con la música" y distrae al oyente del ritmo musical hasta los momentos caóticos que las indisposiciones de los solistas han propiciado a la organización -"llevan el instrumento en su cuerpo y por eso son frágiles", decía Echenique-. Eso sí, algunas de las anécdotas no hicieron tanta gracia en su momento; Mendoza recordó el concierto de Barenboim, en el que al comienzo de un acto la música de un teléfono móvil pasó por encima de los acordes de la West Eastern Divan Orquestra. El director volvió a empezar, pero Mendoza tuvo "miedo de que se fuera".

¿Y qué es lo que queda? Quedan el cierre de la trilogía de Haydn-Haendel-Mendelssohn, John Elliot Gardiner, el Ciclo de Jóvenes Intérpretes y el concierto del contratenor vitoriano Carlos Mena, entre otros. Y como la Quincena arrancó con Carmina Burana de Carl Off, un espectáculo "un poco raro, con la soprano cantando en la grúa y con cosas extrañas en su ropa", según Conchi y Maite, dos donostiarras muy acicaladas que se disponían a entrar al concierto Gernika de Escudero ayer, la clausura será completamente opuesta, con la Orquesta Sinfónica de Lyon y el Orfeón Donostiarra, que interpretarán el Réquiem de Fauré, un "canto a la esperanza", según Echenique.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de agosto de 2009