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Reportaje:Economía global

Suecia, sola

El país escandinavo trata de superar la crisis con una política monetaria propia al margen del euro

La economía sueca es una de las más afectadas de los países nórdicos por la actual crisis económica. El Gobierno de Estocolmo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la agencia de clasificación de riesgo Fitch prevén que este año su PIB se contraiga un 6%, tras una caída del 6,3% en el primer semestre. El principal responsable es el desplome de sus exportaciones, que representa la mitad del músculo productivo sueco y que hasta junio han menguado un 9,5%.

Por su parte, la crisis financiera internacional ha agudizado los desequilibrios que la banca sueca venía arrastrando desde hace una década. La desconfianza de los inversores nacionales y extranjeros y la extrema exposición de sus entidades al capital proveniente de los inestables países bálticos han acentuado su descapitalización. El Ejecutivo puso en marcha planes de rescate de emergencia que incluyeron el aumento de los préstamos del Banco Central (Riksbank), mayores garantías de crédito y un plan de recapitalización de los bancos.

El principal motivo del retroceso es la caída de las exportaciones

Esta misma semana, la Comisión Europea autorizó al Gobierno a prolongar durante seis meses más este plan de recapitalización de entidades con problemas de liquidez, siempre que haya una "contribución sustancial" de inversión privada. Para las autoridades suecas es clave devolver la confianza al sistema, única manera de recuperar el gasto de los hogares, segundo pilar de su economía y único factor que pueden controlar sin depender de la evolución exterior. Las previsiones de la OCDE indican que este año el consumo privado puede caer un 2,2%.

Suecia tiene, además, la posibilidad de controlar su propia política monetaria, al no pertenecer al club de la moneda única europea. Esto le ha permitido modificar sus propias tasas de interés precisamente para mejorar el gasto de las familias. Desde la primera semana de junio, el Riksbank mantiene los tipos en un 0,25%, aunque con una tasa de depósito del -0,25%. Esto significa que los bancos deben pagar a la autoridad monetaria para depositar su dinero, obligando de esta manera a que las entidades tengan que prestarse dinero entre sí. Es decir, que lo saquen del colchón y lo hagan circular por el mercado.

La política monetaria independiente también ha permitido a Suecia presionar a la baja la cotización de la corona, que este año ha caído a mínimos en relación al euro, y así hacer más competitivas sus exportaciones. Esto es precisamente lo que piden países como Francia o Italia, que constantemente se quejan de la rigidez del Banco Central Europeo a la hora de posicionar el euro en el exterior. No obstante, en el caso sueco esta estrategia no ha sido suficiente para reflotar los envíos al exterior, que este año podrían caer hasta un 15,3% según la OCDE.

Es aquí donde nos encontramos con los inconvenientes de no estar dentro del club comunitario: inestabilidad y vulnerabilidad. Es por ello por lo que el FMI ha advertido que son necesarios mayores esfuerzos que mantengan la disciplina fiscal en momentos de crisis. Las previsiones de crecimiento para 2010 son inciertas y oscilan entre el 0% y el 0,5%, dependiendo de la evolución mundial y de sus principales socios comerciales en Europa.

Mientras, el Gobierno intenta sin éxito controlar el paro, que el próximo año podría llegar al 12%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de agosto de 2009