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Reportaje:SINGULARES | Marcelino López Nieto, luthier

Orfebre de sonidos y sueños

El artesano construye instrumentos desde hace más de 50 años

Marcelino López Nieto tiene 78 años y seis hijos. Es un hombre sonriente, emprendedor y con una vena artística que troquela su personalidad a través de la música, a la que ha dedicado la mayor parte de su vida moza y adulta. Guitarrista alumno de Daniel Fortea, el músico que hallara en París la partitura del impar Romance anónimo, recuerda Marcelino cómo cada año viaja al cementerio levantino donde Fortea fue enterrado y ante la tumba de su maestro interpreta junto a otros alumnos sus más queridas composiciones.

En aquel silencio del camposanto, las notas de su guitarra rasgaban la atmósfera dormida en el aroma marchito de mil flores con la señera definición que la pasión y el afecto otorgan a las cuerdas de la guitarra, tan receptivas siempre a la impresión en ellas del sentimiento, que con tanta finura reproducen. Enamorado pues de la música de cuerda, López Nieto, madrileño en activo, se adentró en el mundo de la elaboración artesanal de instrumentos, desde guitarras hasta laúdes, arpas o violines. Tenía aptitudes: su primera obra fue una guitarra. Le pagaron 1.500 pesetas y desde aquella fecha, en el año 1951, se consagró a las guitarras de concierto, de las que llegó a crear una docena en un año.

Acaba de culminar su reproducción de una vihuela de Isabel de Inglaterra

Su secreto, confiesa, fue la destreza técnica y la calidad de sonido que le procuraba el empleo de la goma-laca, una resina vegetal originaria de la India, cuyas propiedades la hacen fundirse hondamente con la tapa de la madera para guarecer así todo el sonido de la futura guitarra, que nunca ya lo pierde.

"Pese a vivir en la patria de la guitarra", reconoce, "los españoles no lo tenemos muy en cuenta, mientras que en países como Japón se asiste a un culto extraordinario por ella". Allí precisamente, en el Museo de la Guitarra del parque de Ibaragi, en Tokio, se exhiben algunas de sus mejores creaciones. "Las principales capitales europeas muestran orgullosamente sus museos de instrumentos, mientras Madrid carece de un museo de tal naturaleza", se lamenta. "Tan sólo con mi colección de hasta 160 unidades -entre ellas una guitarra de fines del XVII que perteneció a Juan José de Austria, valido y hermano bastardo de Carlos II- cabría crear en Madrid uno de los mejores museos del mundo", dice con convicción. Es tanta que ha llegado a ofrecer sus piezas gratuitamente a aquella institución pública que la exponga en Madrid "en un lugar digno". No hay respuesta.

Marcelino acaba de dar los últimos toques a una de sus más preciadas obras: la reproducción de una vihuela que perteneció a la reina Isabel I de Inglaterra. "Yo la llamo mi bella dama", confiesa, mientras acaricia su curvada superficie, color cereza. Con el entusiasmo que le procura la contemplación de su última obra, su esperanza profesional está puesta en uno de sus hijos, Rubén, que ha seguido sus pasos de lutier.

Queda aún mucha belleza por extraer del hondo, cálido y umbrío regazo de la guitarra...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de agosto de 2009