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COLUMNA

No se toquen

Tengo una grave disputa dentro de mi comunidad de vecinos. Bueno, la tendría si fuese a las reuniones de escalera, pero no voy, así que más que una disputa es una queja interna. Ni siquiera ha sido transmitida a los demás inquilinos, sino que más bien hago eso tan humano de refunfuñar y bramar para mí mismo en vez de poner una solución, como un empleado que protesta siempre en el bar después del trabajo, pero que en la oficina no dice ni pío a su jefe.

El problema es el pestillo del portal. Hay un cartel junto a la puerta que pide a los vecinos que cierren con llave para prevenir hurtos o incursiones de indeseables en el edificio. El problema de esta medida es que si una visita te toca el timbre y le abres desde el telefonillo de tu casa aún así no puede entrar, porque la única manera de abrir la puerta es con la llave o bajando a abrir el cerrojo. Ni que decir tiene que esto es muy engorroso, sobre todo si estás enfermo. Más de una vez un amigo ha venido a traerme aspirinas, zumo, cuadernillos para colorear (esas cosas que se lleva a los convalecientes) y he tenido que bajar a abrirle con 39 de fiebre. Una acción que no me es muy grata, la verdad.

La pregunta es: ¿compensa? ¿Compensa sufrir estos contratiempos ante la posibilidad de que un sin techo pueda instalarse en tu portal o un mendigo toque el timbre de tu casa para pedir limosna? ¿El peligro de que eso suceda es una buena razón para que haya que padecer esa incomodidad? Imagino que mis vecinos piensan que sí, que más vale un incordio de baja intensidad y de alta frecuencia antes que un asalto de gran intensidad, pero de frecuencia poco regular. Son puntos de vista diferentes acerca de lo que uno está dispuesto a renunciar a favor de mayor seguridad.

He pensado en lo de mi portal a raíz de la campaña de prevención de la gripe A. En la entrada del Colegio de Médicos de Madrid hay un cartel enorme que reza: "No beses, no des la mano, di hola". Los médicos madrileños afirman que somos muy propensos al toqueteo, incluso con desconocidos (supongo que no se refieren a un sábado por la noche en un bar de Bilbao o San Sebastián) y que para evitar posibles contagios mejor eliminar el contacto físico. Es cierto que el número de víctimas de la gripe A está creciendo, que cada día salta la noticia de un nuevo fallecimiento, pero ¿eso puede acogotarnos del tal manera que nos comportemos como si estuviéramos en una enorme leprosería? Quizás no dar dos besos a alguien que nos presentan pueda salvarnos la vida, pero creo que perdemos por el camino cosas muy importantes. No se puede vivir con miedo a todo, no puedes ir por la calle pensando que la gripe A te atacará, que un coche te atropellará o que una teja te caerá en la cabeza. La pancarta del Colegio de Médicos puede salvar algún contagio, pero crea una paranoia completamente desproporcionada. Me pasa como con el portal. Cerrar el pestillo no compensa. Negarte a dar dos besos o la mano, tampoco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de agosto de 2009