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Reportaje:ventana / Ravello | viaje

DANZA SOBRE EL ABISMO

Encaramado a las alturas de la costa amalfitana, este pueblito acoge un dramático festival. Una cita con el baile, que se asoma al acantilado en un escenario que literalmente cuelga del vacío

Qué imán tiene este sitio agreste que ha hecho que, desde siglos, los artistas acudan, vuelvan e insistan en quedarse? Ravello se abate casi en vertical sobre la bahía de Amalfi en el punto más hermoso de la costa sorrentina. Y no ha cambiado desde los tiempos en que dirigía Toscanini, ni desde los romanos, ni desde que Wagner lo escogiera en 1880 para escapar de algo sobre lo que sus biógrafos no han sabido dilucidar gran cosa.

Si Wagner creó en este lugar de Italia el famoso segundo acto de Parsifal, no podemos olvidar que también fue morada secreta de Joan Miró, de André Gide (ahí escribió El inmoralista). En Ravello recaló toda la saga de Bloomsbury tras las escapadas de Lytton Strachey, mientras él se escurría hasta Positano en busca de sus chicos del lungomare. Rincón de jardines sinuosos y torres góticas era el preferido de Gore Vidal, y de Truman Capote. Rafael Alberti le dedicó un poema.

Ravello sigue igual desde los romanos y fue morada secreta de Miró y André Guide

Desde hace más de 50 años se arma en Ravello ese escenario único colgado sobre el mar. Todos los bailarines y directores de orquesta importantes han dejado ahí sus interpretaciones, arropados por una escenografía única de luces nocturnas, luna llena y silueta de pinos retorcidos por el viento. Este año, varios festivales dieron carta blanca a un ex bailarín romano, Daniele Cipriani, que ha articulado un programa en red de grandes galas y estrenos absolutos que culminarán en Taormina (Sicilia) a fines de agosto con un homenaje a los Ballets Russes de Diaghilev en su centenario, pasando antes por Positano, donde Nureyev compró la isla Galli, que había pertenecido a Leonidas Massine, el creador de El sombrero de tres picos, también hechizados ambos por esta zona ancestral. Allí hay también un Museo del Coral y el Palazzo Caruso, germen monumental del festival.

Ravello, a golpe de limoncello, ofrece noches con el aire salado que sube en espiral, y en los entreactos el personal se pone morado de los prestigiosos espumantes locales y de exquisiteces como el caciocavallo dell'emigrante, un queso local que oculta una longaniza en su corazón, ingenio que otrora inventaron los que partían a las Américas para eludir las prohibiciones aduaneras de importar productos cárnicos.

Ahora se está construyendo el Auditorio sobre la cara oculta de la colina, de espaldas al mar. Lo diseñó y regaló a Ravello el centenario arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. A partir de 2011, la cita será también en invierno.

Este año en Ravello el tema era: el coraje de partir y el coraje de quedarse (una situación bastante parecida a la de los artistas del ballet españoles). Los rusos simplemente perfectos Irina Dvorovenko y Maxim Beloserkovski bailaron el Apollon Musagète de Balanchine. Piezas de Neumeier, Forsyth y Béjart ampliaban el fresco de un siglo que fue a la vez productivo y convulso, cerrando Petite morte de Jiri Kilian bailado por un napolitano que tuvo el coraje de partir a hacer carrera fuera de Italia: Francesco Nappa, y que ahora ha vuelto con el reto de su propia obra coreográfica. El próximo día 9 cierra la danza en el gran escenario de Ravello Les Ballets Jazz de Montreal.

En realidad, la febril actividad dancística en la bota empezó este verano en junio. Fue en Venecia con la Bienal y, aún en el Véneto, continuó en el Mittel Fest-Prova de Europa en Cividale del Fruili hasta bajar a Spoleto, donde Ale-xandra Ferri propuso un programa complejo con coreografías de tres punteros de hoy: Christopher Weeldon, Waine McGregor y Andrei Ratmansky con bailarines norteamericanos (ABT y New York City Ballet) e ingleses (Random Company). En Cividale se estrenó Quiero ser libre, ambiciosa producción con música original de Valter Sivilotti. La obra celebra 20 años de la caída del Muro de Berlín y detalla el encuentro de Rudolf Nureyev en la antigua RDA con su primer amor extranjero: un bailarín alemán, Teja Kremke, que se suicidó ante la imposibilidad de escapar del área comunista. Nureyev quedó marcado por esta pérdida. Después vino a Amalfi y compró Galli.

También ideada por Cipriani, la gala del Festival de Ravello giró en torno al siglo XX y la gran coreografía de autor, encabezada por la última gran figura en activo de la danza europea moderna: la alemana Susane Linke, compañera de generación y amiga de Pina Bausch. Su legendario solo de la bañera, In bade wannen, su caballo de batalla estético desde hace 30 años, llenó el enorme escenario con este canto al valor individual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de agosto de 2009