La economía de EE UU modera su caída en el segundo trimestre

La Casa Blanca considera que el retroceso del 0,3% del PIB entre los meses de abril y junio supone "el principio del fin de la recesión"

La contracción económica en Estados Unidos se suavizó de forma considerable en el segundo trimestre (abril-junio) al caer el producto interior bruto (PIB) un 0,3%, lo que da una tasa anualizada -la que suelen usar los estadounidenses- del 1%. El dato es cinco puntos y medio inferior al registrado en el trimestre anterior. La Casa Blanca dice que es la prueba de que las cosas van a mejor. Pero el dato publicado ayer revela también que esta recesión ya es peor que las sufridas los años 1970 y 1980 y encadena una secuencia de cuatro trimestres consecutivos en números rojos.

La curva de la recesión -arrancó oficialmente en diciembre de 2007- ya no muestra una caída en picado. Un alivio frente a la tendencia de los últimos meses. Porque en el tercer trimestre de 2008, la economía cayó un 2,7% y se aceleró al 5,4% a final de año. De mal en peor, la crisis se acentuó en el arranque de 2009 con una caída del PIB del 6,4%. Mucho peor de lo previsto. Así las cosas, el dato publicado ayer, sujeto aún a dos revisiones, marcaría, según la Casa Blanca, "el principio del fin de la recesión".

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El salto de primavera ha llevado al presidente Barack Obama a decir que EE UU se aleja del "precipicio". En su entorno confían en que el segundo trimestre sea el último en negativo. Pero el proceso de recuperación, admiten, será largo. De hecho, Obama habla de que la economía continúa "debatiéndose" por salir adelante. El asunto, por tanto, está más bien en determinar si la recuperación será sostenible que en poner fecha al fin de la recesión. En cualquier caso, el diablo se encontraba ayer en los detalles. El consumo doméstico, el motor de la economía de EE UU, cayó un 1,2% entre abril y junio, lo que restó casi un punto porcentual al crecimiento de la economía. En el primer trimestre había subido un 0,6%. Esta desaceleración se atribuye a la cautela en el gasto, por el miedo de los estadounidenses a perder el empleo.

En el caso de la inversión empresarial se observa una mejora destacada si la caída del 8,9% se compara con el desplome del 39,2% en invierno. Pero como en el consumo, revela que la demanda interna sufre en EE UU. La caída en los inventarios también muestra la agresividad con que las empresas cortan producción mientras tratan de dar salida a lo que tienen almacenado. La actividad en el sector de la construcción cayó un 29,3%.

Con tal panorama, el impulso a la economía llegó por dos vías. Por un lado, la balanza comercial aportó un punto y medio al PIB por la fuerte caída en las importaciones. Por otro lado, actuaron las medidas de reflote adoptadas por la Administración Obama, que incrementó en un 10,9% el gasto público en el trimestre. Ambos revelan que la mejora primaveral no se apoya en la demanda.

La clave a partir de ahora, por tanto, está en el consumo. Dos tercios del PIB dependen del gasto de los hogares. Y en este punto, una estabilización en la vivienda y una moderación en la destrucción de empleo son esenciales. En ambos casos, los signos positivos se ven nublados por cifras récord de desahucios y un paro que toca el 10%.

Los economistas del Conference Board -organismo independiente que elabora el índice de confianza en el futuro económico- piden por eso cautela, y anticipan que habrá meses decepcionantes por delante. "La contracción, aún siendo menos severa de lo anticipado, muestra que no hay señales de una recuperación en V", señala, haciendo referencia a la caída del indicador de consumo y a las rigideces que sufren familias y pymes para acceder al crédito.

El Fondo Monetario Internacional, en su revisión anual de la situación en EE UU, elogia entre tanto la "intervención a gran escala" emprendida por el Tesoro y la Reserva Federal para estabilizar el sistema financiero y la economía. Pero señala que el paro y la caída del precio de la vivienda debilitan la economía, y se muestra preocupado por el colosal déficit.

La crisis, concluye, tendrá "importantes consecuencias" en el papel de EE UU en la economía mundial. Para los economistas del organismo, "es improbable que el consumidor estadounidense asuma el papel de comprador de última instancia a escala global". Esto implica, dicen, que "otras regiones deberán tener una mayor preponderancia en la tarea de respaldar el crecimiento mundial".

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