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Los problemas del PP

La financiación autonómica y el 'caso Gürtel' reavivan la división interna

Aguirre recupera su papel de azote de Rajoy al exigir posiciones más claras

Casi seis años lleva Mariano Rajoy al frente del PP, y todavía prácticamente nadie se ha acostumbrado a su forma de actuar. El debate sobre su inacción, su incapacidad para tomar decisiones drásticas en momentos difíciles, en suma, su liderazgo, parecía definitivamente enterrado con la victoria en las gallegas y en las europeas. Prácticamente nadie duda ya de que Rajoy llegará a 2012, sobre todo porque nadie ha sido capaz de plantear una alternativa interna seria. Sin embargo, esta semana, la financiación autonómica y, sobre todo, el caso Gürtel han devuelto a los corrillos del PP el eterno debate: ¿por qué Rajoy no hace nada? "Él siempre gana, pero no porque convenza, sino porque deja pasar el tiempo hasta que todos nos agotamos de criticar. Gana por agotamiento", señala uno de los críticos.

La presidenta madrileña ha querido dejar en evidencia la inacción del líder

Los 'marianistas' insisten en que la dimisión del tesorero es cuestión de días

Este debate se mueve siempre en la sombra. Las reuniones del PP, de donde el líder echó hace un año a los pocos críticos que había, son una balsa en la que el caso Gürtel ni siquiera existe, a pesar de ser el centro de los comentarios de pasillo de todos los dirigentes, preocupados por la posibilidad de que se asocie la imagen del partido a la corrupción, algo de lo que el PSOE de los años noventa tardó un decenio en recuperarse.

Sin embargo, esta semana el debate ha saltado a la arena pública. Y ha sido de nuevo Esperanza Aguirre la que lo ha desatado. La presidenta de Madrid quedó muy tocada políticamente por el caso Gürtel en un primer momento. Todos sus actos públicos los organizaban empresas de la trama de Francisco Correa y los negocios urbanísticos de la red se hicieron en territorio Aguirre. Para librarse, ella decidió soltar lastre y cortó enseguida la cabeza de una persona de su máxima confianza -Alberto López Viejo, ex consejero de Deportes y vínculo entre la red y la Comunidad de Madrid- y de todos los alcaldes implicados.

Esta semana, la presidenta ha querido dejar en evidencia la inacción de Rajoy y atacar públicamente a Luis Bárcenas, el tesorero, al que prácticamente todo el partido quiere ver destituido. Aguirre pidió "de rodillas" a Bárcenas que hiciera público todo lo que tuviera contra ella. Después ambos hablaron por teléfono, y él insistió en que no tiene nada contra ella. Todos los dirigentes consultados habían interpretado la salida de Aguirre como una llamada de atención ante la inacción de Rajoy, que insiste en esperar. "Ya me molesta que ella dé ejemplo", dice un dirigente mucho más próximo a Rajoy que a la presidenta, "pero lo cierto es que ella echó a los alcaldes y al consejero de Gürtel antes de que estuvieran imputados, no les dejó ni hablar. Y ahora nadie se acuerda de El Albondiguilla, ni le pone cara, pero Bárcenas, gracias a la inacción de Rajoy, es ahora uno de los tipos más conocidos de la política española".

El líder respondió públicamente el miércoles, después de semanas de silencio. "He demostrado que no acepto chantajes". Los marianistas insisten en que todo está bajo control, y que el tiempo dará la razón al líder, que ese mismo día insistió en que "hay que esperar a ver el final de la película". Sostienen que la dimisión de Bárcenas es cuestión de días, y que el caso Camps, que también tiene paralizado al PP, incapaz de salir de Gürtel, se resolverá positivamente porque la Sala, formada por jueces conservadores, echará abajo el auto del magistrado José Flors, que le imputa por cohecho.

Ese mismo miércoles, mientras Rajoy rompía su silencio sobre el caso Gürtel y trataba así de cerrar la brecha interna y mandar el mensaje de autoridad que le pedían los suyos, Aguirre le abría de nuevo otra vía de agua, esta vez con la financiación autonómica.

Por la mañana, la presidenta, siempre más rápida que nadie, había metido presión: "Madrid votará no a no ser que haya una orden del partido". Javier Arenas, en quien Rajoy había delegado este asunto, la llamó inmediatamente desde Málaga. Le explicó, según fuentes de la dirección, que el partido había decidido la abstención el día anterior, en la reunión de todos los consejeros. Aguirre aseguró que eso no había quedado nada claro, que Madrid y Galicia querían votar que no, e insistió en que le parecía un "craso error" abstenerse mientras Rajoy está diciendo en todas partes que el sistema es una chapuza y que el PP lo cambiará cuando gobierne. Y ayer, en una entrevista en El Mundo, Aguirre volvía por sus fueros, de nuevo públicamente: "El PP debería haber votado contra la financiación". La entrevista sentó muy mal en el entorno de Rajoy.

Los críticos del partido reprochan a los marianistas la estrategia de criticar en los mítines y luego abstenerse en las votaciones, algo que ha sucedido en casi todas las grandes decisiones económicas de José Luis Rodríguez Zapatero. Ese miércoles, Arenas le explicó a Aguirre que los diputados del PP votarán no en el Congreso cuando llegue la reforma, pero ahora las comunidades, que van a aceptar el dinero, están en plena negociación, y no saben ni siquiera claramente cuánto les va a tocar, por lo que se imponía la abstención. La presidenta de Madrid acató la orden por disciplina, pero aún hizo un último intento. Llamó a Rajoy, sin saber que estaba comiendo con Arenas en Málaga, y trató de convencerle. Pero la decisión ya estaba tomada, Rajoy se fio del hombre fuerte del partido, y ordenó la abstención. Aguirre acata, pero no se rinde, y en el PP ya todos ven una nueva batalla interna en ciernes, en la que se mezcla todo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de julio de 2009