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Tensión en Irán

Golpe de realismo para Obama en Oriente Próximo

El presidente busca un equilibrio parano romper con Irán ni con Netanyahu

La política de diálogo y prudencia propiciada por Barack Obama se ve confrontada a la dura realidad de una región atrapada en el radicalismo y la intransigencia. Tras un desastroso fin de semana en el que se comprobó la fortaleza de la línea dura en Irán y la resistencia del primer ministro de Israel a una negociación sincera con los palestinos, el presidente de Estados Unidos se ve obligado a un difícil equilibrio para mantener su influencia en Oriente Próximo.

Respecto a Irán, la actitud de la Administración es, de momento, esperar y ver, con mucho cuidado de no hacer ningún movimiento que pueda interpretarse como ratificación de unas elecciones llenas de sospechas, pero tampoco como ruptura definitiva con el régimen.

Respecto a Israel, la primera reacción del portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, ha sido la de dar por bienvenida la aceptación por parte de Benjamín Netanyahu del concepto de dos Estados, pero reconociendo la gigantesca labor que Obama tiene por delante para implicar al primer ministro israelí en un proceso aceptable para los árabes.

En ambos casos, tras el optimismo generado por su discurso en El Cairo y los resultados de las elecciones en Líbano, Obama recibe un golpe de realismo que puede obligarle a hacer retoques a su política en una de las zonas más complejas y explosivas del mundo. Aunque Obama está empezando a sentir la presión de congresistas y medios de comunicación conservadores que le piden rectificar, denunciar tajantemente un fraude en Irán y encabezar un movimiento internacional de resistencia, nada de eso parece factible ni verosímil.

El silencio de la Administración sobre los acontecimientos en Irán es la prueba de que no hay muchas opciones más que aceptar el veredicto que emitan los ayatolás y convivir con él. Estados Unidos puede jugar la baza de nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad por la negativa iraní a negociar su programa nuclear. Pero ni eso se antoja probable -Rusia se opone- ni, en última instancia, eso acabará con las ambiciones nucleares del régimen.

Obama parece condenado a intentar la vía de la negociación directa con Teherán, que es la que ha propiciado desde el principio de su Gobierno. Después de todo, tal como hoy se plantea la situación en Washington, el régimen iraní hubiera seguido siendo el mismo con cualquier resultado. "Lo más importante", dijo ayer el portavoz de la Casa Blanca, "es que nuestras preocupaciones por el programa nuclear y nuestras preocupaciones por su apoyo al terrorismo no son diferentes hoy de lo que eran el viernes".

Esas preocupaciones están conectadas al discurso de Netanyahu, uno de los principales agentes de la política de firmeza frente a Irán. La posición expuesta por Netanyahu el domingo le da una pequeña victoria a Obama, en cuanto que el primer ministro israelí acepta la idea de un Estado palestino, pero le añade a ello condiciones que parecen imposibles de aceptar para los árabes, lo cual sólo contribuirá a robustecer el campo del extremismo y a hacer mucho más difícil la misión del presidente norteamericano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de junio de 2009