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Reportaje:

El arte más antiguo, en peligro

El Defensor del Pueblo Andaluz denuncia agresiones al patrimonio rupestre

Las imágenes de dos ciervos y la cabeza de un caballo parecen desafiar al tiempo en la Cueva de Atlanterra (Tarifa, Cádiz). Estas pinturas rupestres son obra de tribus de cazadores-recolectores que no tenían asentamientos fijos y deambulaban por la zona hace unos 15.000 años. Eran seminómadas que aprovechaban los recursos naturales siguiendo el curso de las estaciones y que dejaron constancia de su visión del mundo a través del arte Paleolítico.

La provincia de Cádiz guarda los vestigios de arte Rupestre más ricos de Andalucía. Y la Cueva de Atlanterra ofrece no sólo imágenes de animales del Paleolítico Superior. También hay figuras humanas, que datan del Neolítico (a partir del año 5.000 a. de C.), e incluso una figura con un casco, que se sitúa en edades posteriores. Todo este rico patrimonio ha sufrido la agresión de excursionistas, que dejaron pintadas e inscripciones en septiembre de 2008. La amenaza a la que están expuestas las pinturas rupestres ha provocado la reacción del Defensor del Pueblo Andaluz, que ha dedicado un apartado a este asunto en su informe de 2008.

"La Cueva de Atlanterra era un lugar sagrado", dice un espeleólogo

Cádiz guarda los vestigios de pintura prehistórica más ricos de Andalucía

El Defensor del Pueblo Andaluz recalca que "el arte rupestre, la manifestación cultural más antigua del ser humano, [está] en riesgo por la ignorancia y la falta de una protección adecuada". Y recuerda que en el mundo hay tan sólo 200 lugares que alberguen un tipo de manifestación rupestre semejante al de la Cueva de Atlanterra. "La agresión sufrida por esta cueva no es sino una más de la ya larga lista de atentados y agresiones contra el patrimonio rupestre de Andalucía que vienen siendo denunciadas por ciudadanos concienciados, asociaciones culturales y por el propio Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, sin que tales denuncias hayan servido para que se estableciera un sistema de salvaguarda y protección de estas manifestaciones artísticas que las pusieran definitivamente a resguardo de sus agresores", resume el Defensor del Pueblo Andaluz.

Lothar Bergmann, espeleólogo y consejero de honor del Instituto de Estudios Campogibraltareños, ha descubierto varias docenas de cuevas y abrigos con manifestaciones de arte rupestre. Bergmann ofrece también charlas y cursillos a niños en los colegios para inculcarles el valor del arte rupestre. El espeleólogo alemán, que se asentó en España hace décadas y conoce las zonas de arte rupestre de Cádiz como la palma de su mano, señala una de las pinturas de la Cueva de Atlanterra. "Hay también figuras que nadie sabe lo que significan. Hay distintas interpretaciones. Unos dicen que esta figura es una foca; otros dicen que es una abeja. Y yo digo que no sé lo que es", comenta.

Bergmann cree que "lo ideal sería poner una reja y un acceso en la Cueva de Atlanterra". "Así la gente podría ver y no tocar la cueva", dice. "Este lugar fue un santuario durante miles de años. Era un lugar sagrado donde se celebraban ritos estacionales, ritos de iniciación de los jóvenes...", explica Bergmann.

El Campo de Gibraltar, la Janda y espacios limítrofes ofrecen en Cádiz un muestrario riquísimo de patrimonio rupestre con más de 200 cuevas y abrigos con pinturas y grabados. Las figuras más antiguas datan del Paleolítico Superior. Además de la Cueva de Atlanterra, hay otros ejemplos significativos. Los grabados de équidos de la Cueva del Moro, también situada en Tarifa, dan forma al arte Paleolítico más meridional del continente europeo.

La Cueva del Tajo de las Figuras (Benalup) ofrece una gran cantidad de representaciones de aves, cuadrúpedos y figuras humanas. La Cueva de Bacinete (Los Barrios) presenta animales y figuras humanas.

"Sin embargo, y pese a la gran relevancia de esta manifestación cultural, la mayoría de estas cuevas y abrigos, así como las pinturas y grabados que contienen, carecen de cualquier tipo de medida de protección que evite que sean objeto de agresiones y atentados que pongan en riesgo su integridad y, en muchos casos, su propia pervivencia", señala el Defensor del Pueblo Andaluz.

"Posiblemente las esperanzas de futuro del arte rupestre en Andalucía pasen inexorablemente por ahondar en la concienciación de la sociedad actual acerca de la necesidad de preservar este patrimonio y por la educación de las futuras generaciones en el conocimiento y el respeto hacia una manifestación artística que es parte esencial de nuestra memoria histórica y exponente imprescindible del acervo cultural de nuestro pueblo", concluye el Defensor del Pueblo Andaluz.

Destrozos, pintadas, desconchones, vertidos y basura

La lluvia, el viento, los incendios y los animales están en el origen de gran parte de los daños que sufre el arte rupestre en Andalucía. Pero es, sobre todo, el ser humano el que más daño hace a cuevas y abrigos. Los destrozos, pintadas, desconchones, vertidos y basura ponen en peligro el arte rupestre.

Se trata de oquedades situadas en su mayoría en zonas poco accesibles de riscos y montañas. En muchos casos se encuentran en fincas privadas y lejos de lugares habitados o de rutas de senderismo o excursión. "Las posibilidades de protección de estas cuevas y abrigos no se nos presentan como una tarea sencilla ni como un cometido fácil de llevar a cabo", reconoce el Defensor del Pueblo Andaluz. Crear un sistema de vigilancia con personal contratado es "poco viable y, sobre todo, poco racional desde un punto [de vista] económico", agrega.

Además, se trata de más de 200 cuevas y abrigos con manifestaciones rupestres. Vallar y cerrar estos espacios presenta "algunos inconvenientes de relevancia". Entre ellos destaca el impacto de los cerramientos y que tampoco éstos pueden impedir la entrada de personas que quieran destrozar las pinturas. "Asimismo, no es deleznable el riesgo derivado del 'efecto llamada' que puede producir el propio cerramiento, cuya mera presencia atraería la atención y el interés de muchas personas que actualmente transitan cerca de ellos sin percatarse siquiera de los tesoros que guardan", añade.

En 2008 se pidió a la Consejería de Cultura que "explicara las medidas que pensaba adoptar ante la reiteración del problema y la gravedad de algunas de las agresiones producidas". "Donde sí parece haber unanimidad es en el máximo mantenimiento del anonimato en cuanto a la ubicación y difusión de la existencia de estos lugares. La puesta en valor y gestión de unos pocos lugares con manifestaciones de arte rupestre serviría para dar cumplimiento al derecho del disfrute de los ciudadanos de estos bienes patrimoniales", señaló Cultura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de junio de 2009

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