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Crítica:

Historias aterradoras

Nocturna es la primera entrega de Trilogía de la Oscuridad, una serie que promete ser por algún tiempo el nuevo best seller de vampiros. Escrita por Guillermo del Toro y Chuck Hogan, enlaza con la mejor tradición del género. La novela recupera los elementos más espeluznantes de la ficción vampírica y los revitaliza a través de escenarios contemporáneos: un aeropuerto, las alcantarillas de Nueva York, salas de autopsia y laboratorios tipo CSI, o el vacío dejado por el World Trade Center tras el 11-S. "¿Por qué aquí? -preguntó Eph. Los topos construyen sus madrigueras en los troncos muertos de los árboles caídos. La gangrena nace en las heridas. Sus orígenes están en la tragedia y el dolor".

'Nocturna. Libro I de la Trilogía de la Oscuridad'

Guillermo del Toro y Chuck Hogan. Traducción de Santiago Ochoa (español) y Nuria Pujol (catalán). Suma de Letras. Madrid, 2009. 550 páginas. 22 euros.

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Las historias más aterradoras de vampiros son aquellas en las que el monstruo abandona su cubículo en Transilvania para irrumpir en la vida urbana, conectando con el mundo cotidiano. Así ocurre también en Déjame entrar de John Ajvide (Espasa, 2008). Las tramas pueden ser de ficción pero el miedo tiene que ser real. El éxito de algunos de los clásicos del tema, como Salem's Lot de Stephen King, y por supuesto Drácula de Bram Stoker, se debe en buena medida a la capacidad de reinventar al vampiro y situarlo en el presente conocido, manteniendo el misterio pero sin olvidar la tradición que une al monstruo con el lector. Los incondicionales hallarán en Nocturna numerosos guiños y alusiones a su viejo amigo.

Junto a algunos de los nuevos espacios del horror, por los que transitan los vampiros en la novela de Guillermo del Toro, encontramos otros conocidos personajes tipo. Abraham Setrakian, tocayo de Van Helsing, es un superviviente del Holocausto que regenta una casa de empeños. Desde que viera a la Cosa, alimentándose de los desahuciados en las barracas de Treblinka, su único objetivo se ha convertido en destruir al monstruo, que ahora reaparece en Manhattan. El vampiro recupera su aspecto más desagradable, vinculado y comparado con las atrocidades de la historia de la humanidad, junto a las que cualquier chupasangre palidece.

La imagen del vampiro repulsivo y el tema de la plaga ocupan un lugar central en Nocturna, pero ya eran las señas de identidad del vampiro de Murnau. Nosferatu (1922) con su cara de rata es el padre de los vampiros horribles y también hay novedades editoriales con respecto a él. Luciano Berriatúa acaba de publicar Nosferatu. Un film erótico ocultista-espiritista-metafísico (Divisa 2009), un libro-DVD, que completa y corrige, en palabras del autor, lo que aportó hace casi dos décadas en Los proverbios chinos de F. W. Murnau. El libro incide en la contribución de Albin Grau y el mensaje ocultista, y añade numeroso material gráfico, un par de documentales y la película en su última restauración.

Parece que las editoriales están dispuestas a agotar el nuevo impulso de un tema siempre de moda; y así hay que celebrar la reedición del texto de Agustín Calmet Tratado sobre los vampiros (Reino de Cordelia 2009). Siguiendo la versión publicada en 1751 se trata de una referencia imprescindible para entender el debate que surgió en el Siglo de las Luces. El libro de Jordi Ardanuy Los vampiros en la colección ¡Vaya Timo! (Laetoli 2009) también aborda los orígenes y contribuye a aclarar algunas de las confusiones y malentendidos, diferenciando entre los vampiros y sus predecesores, que a menudo son presentados como la misma cosa generando no poca confusión.

Por último, volviendo a la narrativa, destacar Baltimore o el valiente soldado de plomo y el vampiro (Suma 2009), escrita por Christopher Golden y Mike Mignola y con ilustraciones de este último. La historia se sitúa en un mundo arrasado por la plaga donde tres personajes reconstruyen su pasado en varios relatos de terror, mientras esperan a su viejo amigo Baltimore, con el que se enfrentarán al monstruo.

Existen los vampiros más allá de Crepúsculo. Nosferatu, Baltimore o Nocturna nos recuerdan que junto al atractivo vampiro, con el que se puede tomar café o ir de excursión al campo, sigue estando un ser repugnante, de fétido aliento que invita al vómito, y cuyo mordisco promete no ser agradable. -

Santiago Lucendo es doctorado en Historia del Arte y ha escrito su tesis sobre la imagen del vampiro como estereotipo en la modernidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de junio de 2009

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