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CARTAS AL DIRECTOR

Problemas similares, actitudes diferentes

En relación a la carta de Greg Hunt publicada el jueves 4 de junio y titulada En Reino Unido es incluso peor, quiero manifestar que, aunque he vivido dos años de forma intermitente allí, no me considero capacitada para juzgar qué es lo que se hace peor en Reino Unido respecto a España.

Para lo que sí que me considero capacitada para valorar, como ciudadana europea, es la capacidad de reacción del Gobierno Británico ante las pruebas publicadas por The Daily Telegraph de casos de corrupción entre los diputados.

No hubo desmentidos. No hizo falta "echar mano" del poder judicial para que mediara o investigara las acusaciones del diario. No se acusó al periódico de haber mentido. Se entonó el mea culpa y se intentó subsanar el abuso ante la obvia indignación ciudadana.

No hay duda de que el pueblo británico está castigando la falta de escrúpulos éticos en la labor política. Esa exigencia moral y ética y la capacidad de admitir los errores deberían ser no solamente aplaudidas, sino imitadas. Suponen un ejemplo para el resto de los europeos.

Aquí, en España, hay indicios de corrupción política (sea del color que sea) y rápidamente llenamos nuestros ya saturados juzgados de demandas y contrademandas, porque ya se sabe: "Mientras no se demuestre lo contrario...".

Jamás se dimite, porque hacerlo parece ser que sería como admitir culpa. Todo se dilata hasta el infinito, perdiéndose en los entresijos legales hasta que los españoles acabamos hastiados del asunto.

Mientras todo esto sucede, asistimos atónitos al mejor reality show que los medios de comunicación nos puede ofrecer: estas personas son respaldadas y casi hasta aplaudidas públicamente por otros cargos públicos. Esto sí que se ha convertido en una pantomima de contradicciones.

Que la labor pública vaya acompañada de falta de escrúpulos, ética y respeto a las reglas políticas aprobadas por todos los ciudadanos de este país, se ha convertido en la normalidad. Pilar Cardiel Lavilla. Fuente El Saz de Jarama, Madrid.

¿Por qué será que a los españoles nos suena a chino que los políticos ingleses dimitan por cargar a las cuentas públicas sus gastos, algunos estrafalarios?

En España nos acostumbramos durante el periodo de bonanza a que los concejales y alcaldes de los ayuntamientos se subieran a sí mismos los sueldos. Desde el inicio de la crisis muy pocos se lo han reducido.

En todo caso, al igual que un médico del sistema público cobra lo mismo que otro, ¿no deberían los sueldos de concejales, alcaldes y parlamentarios estar regulados, unificados y con un baremo aplicado por alguien diferente a ellos mismos? Y si le dedican más horas, a tanto la hora.

¿Puede admitirse que se reunieran y decidieran subirse el sueldo un 10% o un 15% sin dar explicaciones? Alguien debería regular esta esperpéntica situación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de junio de 2009