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Editorial:

En condiciones de seguir

Sería un despilfarro cerrar Garoña tras el informe favorable sobre su seguridad

La central nuclear de Garoña, la más antigua y de menor potencia de entre las que siguen activas en España, cumplirá en 2011 los 40 años de vida para los que tiene autorización. El informe del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) sobre las condiciones de seguridad de la planta, preceptivo ante la solicitud para la prolongación de su vida en otros 10 años, se completó el pasado viernes, pero no será entregado formalmente al Ministerio de Industria hasta mañana lunes.

Dicho informe, aprobado de forma unánime por los cinco vocales del Consejo, establece que la planta reúne las condiciones de seguridad exigibles para poder seguir funcionando otros 10 años, aunque fija ciertos requerimientos de inversión para reforzar los sistemas de seguridad. El Gobierno tiene un mes para decidir, pero tras el informe es difícil encontrar razones de peso para cerrar la planta, y más en un horizonte previsible de escasez energética.

Garoña es una central bien gestionada y que figura en la parte alta del ranking mundial de reactores nucleares en fiabilidad y seguridad de operación. Sería un despilfarro no seguir utilizándola. Dada la estructura actual de la oferta eléctrica en España, su cierre implicaría que para sustituirla habría que hacer funcionar a plena carga una central de ciclo combinado de gas natural, es decir, aumentar nuestra dependencia energética, nuestro déficit exterior por las compras de hidrocarburos e incrementar las emisiones de CO2. Cerrar Garoña en estas condiciones no supondría ningún beneficio y sí algunos perjuicios.

Los efectos positivos afectan al conjunto del sistema eléctrico pero no al consumidor. El mayor beneficio directo sería para los propietarios de la central, ya que la inversión inicial está más que amortizada y los costes de operación y mantenimiento, incluidos los derivados de las condiciones impuestas por el CSN, están muy por debajo de la retribución media fijada por el mercado.

De ahí que sea razonable que el Gobierno arbitre medidas para que los beneficios de mantener Garoña se extiendan al conjunto de los usuarios actuales y futuros. Por ejemplo, mediante alguna tasa que sirviera para reducir el déficit de tarifas, o la obligación de generar una cantidad de electricidad renovable a precios de mercado sin beneficiarse de las primas del régimen especial, entre otras fórmulas en estudio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de junio de 2009