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Reportaje:LIBROS | Ensayo

Linz, 'cui prodest?'

La sociología española accede entre 1960 y 1980 a su mayoría de edad académica y profesional. A ese acceso contribuye desde luego el profesor Linz, pero no de forma única ni principal como algunos le atribuyen, por lo que conviene referirse a todos los actores, personas y grupos, que participaron en él. En ese sentido, si la publicación de sus obras completas puede considerarse bienvenida, mucho más lo sería la presentación conjunta de los escritos de la Escuela de Granada, pilotada por Francisco Murillo Ferrol, en la que participaron José Jiménez Blanco, Miguel Beltrán y José Cazorla. Sin olvidar la del grupo de analistas sociales y políticos vinculados al profesor Tierno Galván, entre los que destacaban Raúl Morodo, Elías Díaz, Carlos Moya, Miguel Martínez Cuadrado, Luis García San Miguel, Francisco Bobillo y un largo etcétera. O la de los instalados en la sociología como profesión, en particular las sucesivas versiones del despacho de Amando de Miguel, con su hermano Jesús, Benjamín Oltra, etcétera; o la del que se designaba como grupo catalán, con representantes tan notables como Pinilla de las Heras, Martínez Alier, Jordi Borja, Marina Subirats y a caballo entre París y Barcelona; Manuel Castells, que gracias al empeño de Pancho Marsal, contaban además con la rompedora revista Papers y tenían un eco importante en mi País Valenciano, en virtud de la avanzadilla sociolingüística en la que militaron Josep Vicent Marqués, Aracil, Ninyoles y Pico, entre los principales. Finalmente, la acción de los sociólogos críticos que encontraron en CEISA un importante ámbito de presencia animado por Jesús Ibáñez, Ángel de Lucas, Alfonso Ortí, José Luis de Zárraga, Mario Gaviria, Juan del Val, etcétera, factor decisivo de la renovación científica y metodológica de la sociología en España.

Cumplido este, para mí, perentorio deber de memoria sociológica, que no tiene pretensiones exhaustivas, preguntémonos por las razones y el sentido de la persistencia de Juan Linz en el panorama intelectual español. Que no le tiene a él como promotor, pues su dedicación universitaria y su seriedad académica se compaginan mal con la autoexhibición, sino a quienes se sienten favorecidos por las opciones que ha sostenido. Una vez más, en el cui prodest? está la respuesta. Son bastantes los que piensan que sin la deslegitimación ideológica del programa y de los temas socialdemócratas operada por el establishment intelectual y académico de nuestro país, y en él, por Juan Linz, no se hubiera producido como se produce la social-liberalización de nuestra socialdemocracia y Felipe González no hubiera podido privatizar, en tan poco tiempo y con tanta eficacia, los principales componentes públicos de la estructura económica española. Pero sobre todo a Juan Linz se debe la puesta en circulación de la tesis sobre la simple condición autoritaria de la dictadura franquista, que como régimen político contenía, según él, los elementos necesarios para asegurar su propia evolución hacia la democracia. Tesis que contaba con el aval de la plataforma desde la que fue promovida -la Universidad de Yale- y con el apoyo de gran parte del establishment académico norteamericano. Lo que explica el extraordinario éxito de la operación. Esta campaña en pro de la aceptabilidad del franquismo ha tenido su reflejo en el nuevo paradigma historiográfico de dicho proceso, que ha inaugurado un revisionismo franquista que tiene muchos adeptos y al que se acogen quienes en España defienden, cada día más abiertamente, la figura y la obra del dictador y quienes buscan justificaciones para sus pasadas proclividades franquistas. Por lo demás, las acciones en favor de la memoria democrática no logran neutralizar esa tendencia. A principios de 1977, con ocasión de las primeras elecciones democráticas debatí en televisión española con Juan Linz sobre Franquismo/Democracia, Reforma/Ruptura, que volvió a defender su tesis, que además acababa de reiterar en un número monográfico, el 8, de la citada revista Papers, con el título de El régimen franquista. En ella, Martínez Alier, Jordi Borja, Benjamín Oltra, Sevilla Guzmán, Pérez Yruela y el mismo Giner acometen con radicalidad y se diría que con voluntad liquidatoria el tema. Pero no fue así. Sin duda que la derecha dura española, los socialistas en su tránsito social-liberal y los franquistas nostálgicos necesitaban que se siguieran defendiendo esas tesis originarias de Juan Linz.

Juan J. Linz. Obras escogidas. Fascismo: perspectivas históricas y comparadas (1). Nación, Estado y lengua (2). Edición de José Ramón Montero y Thomas Jeffrey Miley. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid, 2008. 342 y 646 páginas. 56 euros cada volumen.La inocencia del devenir. Vida de Friedrich Nietzsche. Michel Onfray. Gedisa. 124 páginas. 11,50 euros. Friedrich Nietzsche, Fragmentos Póstumos. Volumen II (1875-1882). Tecnos. 920 páginas. 45 euros. El mundo según Nietzsche. Pavel Kouba. Herder. 424 páginas. 28,65 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de mayo de 2009