Columna
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Nueva geografía económica

Está demostrado que el crecimiento económico desde la perspectiva geográfica tiende a ser desequilibrado. Se confirma que a medida que las economías se desarrollan, la producción se concentra espacialmente, y unas economías ganan posiciones y otras ven mermadas sus opciones.

El reciente informe sobre el desarrollo económico elaborado por el Banco Mundial marca unos datos bien elocuentes en torno al espacio y a los lugares. Afirma, por ejemplo, que para los próximos años, una persona que nazca en EE UU ganará cien veces más que una nacida en Zambia; y vivirá tres decenios más. O dicho de otra forma, un niño nacido en una aldea lejos de la capital de Zambia vivirá menos de la mitad de un niño nacido en la ciudad de Nueva York; y durante su vida, ganará 0,01 dólares por cada 2 dólares que gane el neoyorquino. Finalmente, éste último ganará a lo largo de su vida un total de 4,5 millones de dólares y el de la Zambia rural menos de 10.000 dólares

Un nacido en EE UU ganará 100 veces más que uno de Zambia y tendrá 30 años más de vida

¿Qué marcan estas cifras? La evidente heterogeneidad del desarrollo económico; las abultadas divergencias entre ingresos y entre niveles de vida; y que la prosperidad no es igual, ni llega a todos los lugares al mismo tiempo. Por tanto, una primera afirmación es que a medida que un país se hace rico, adquiere mayor importancia la ubicación de los ciudadanos y de las empresas. Y una segunda constatación es que, a medida que en los países avanza el desarrollo, la ubicación geográfica importa menos para las familias y más para las empresas.

Da la impresión que los impulsos al desarrollo económico otorgan a los espacios geográficos un incremento de la capacidad de beneficiarse merced a las mayores concentraciones de la producción y de las propias opciones de obtener ventajas. Y se constata, asimismo, que el concepto de proximidad es cada vez más relevante. Los importantes núcleos urbanos no dejan que sus periferias se sumerjan en la pobreza; es decir, los lugares próximos a las ciudades y regiones prósperas se han beneficiado siempre de dicha proximidad.

La geografía económica nos señala las distintas oportunidades y hace que el espacio desempeñe un rol fundamental en la elaboración y planificación de las políticas públicas. Las transformaciones geográficas para el desarrollo económico pueden clasificarse en tres dimensiones: densidad, distancia y división.

a) La densidad es la dimensión más importante en el plano local o subnacional. El desafío consiste en conseguir una densidad adecuada, buscando que las fuerzas del mercado alienten la concentración y promuevan la convergencia en los niveles de vida entre ciudades y aldeas. De ahí la relevancia de la distancia y la apuesta por la urbanización.

b) La distancia es la dimensión geográfica más importante desde el plano geográfico. El desafío consiste en ayudar a empresas y a ciudadanos a reducir sus distancias con respecto a la densidad. Para ello, se apuesta por la movilidad y por la reducción de los costes de transporte mediante fuertes inversiones en infraestructuras; por lo que las distinciones o divisiones internas dentro de los países suelen ser pequeñas.

c) La división es la dimensión más importante desde el plano internacional. En la medida que la producción se concentra en un número pequeño de países, también se constata que están integrados. Los restantes espacios están, o bien están muy divididos, o bien no están conectados. Por eso, si la distancia es importante en el plano internacional en lo que hace referencia a los mercados, las divisiones asociadas a la impermeabilidad de las fronteras y a las diferencias de monedas y reglamentaciones, son obstáculos mucho más grandes que las propias distancias.

En suma, no se corrobora la afirmación de Thomas Friedman de que el mundo es plano; sino todo lo contrario, el crecimiento llega a algunas zonas antes que a otras; y las diferencias geográficas en lo que atañe a los niveles de vida, divergen antes de converger. La tierra está formada por grandes cimas y valles en las que se concentra la población, la riqueza, la tecnología, los investigadores, etcétera, tal y como lo describe muy atinadamente Richard Florida en contra de las tesis de Friedmann.

Galicia para seguir la senda de un desarrollo equilibrado debe apostar intensamente en afrontar dichos desafíos y lograr compromisos que redunden en la mejor utilización y aprovechamientos de sus ventajas y potencialidades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 24 de abril de 2009.