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CARTAS AL DIRECTOR

Otra decepción con la política

Pozuelo de Alarcón, Madrid

El pasado día 21 de marzo, mis compañeros de Bachillerato y yo hicimos una excursión al Congreso. Imagínense nuestra sorpresa al descubrir que somos más educados nosotros en clase que los parlamentarios que día tras día se reúnen para decidir qué hacer con nuestro país.

No se nos permitía armar jaleo; no hacía falta. Cada vez que alguien tomaba la voz, sus palabras se perdían entre aplausos de su partido y abucheos y risas de la oposición.

Resulta increíble que a partir de estas discusiones, de este gallinero, se gobierne España. Se hacían preguntas a las que nadie atendía: los políticos estaban más interesados en conversar entre ellos de otros temas. Las contestaciones no respondían a nada; sólo una crítica replicaba a otra crítica (algo nada sorprendente teniendo en cuenta que, mientras se formulaba la pregunta, el receptor -que ya tenía escrita la respuesta- ni siquiera prestaba atención).

No hay conversación, no hay debate; sólo respuestas fáciles y preparadas. La ideología de siempre es lo único que importa.

Lo que a mí sí me ha quedado claro es la falta de seriedad de la política. Visitando el Congreso me he sentido decepcionado y me he preguntado cómo es que nadie se da cuenta de este absurdo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de marzo de 2009