Reportaje:

Plantar lechugas debajo de casa

Florecen los huertos urbanos autogestionados por vecinos que quieren unir lazos y recuperar espacios desaprovechados y degradados

Ana Pascual lleva 40 años viviendo en la plaza de Corcubión, y desde su casa siempre veía un rincón abandonado y lleno de escombros. Ahora, cuando se asoma a la ventana, el paisaje que ve se parece más a "un pedacito de pueblo": una mesa merendero bajo un gran árbol rodeada de tomateras, coles, flores y plantas aromáticas. El huerto comunitario del barrio del Pilar, promovido desde la asociación cultural La Piluka, le ha cambiado la vida. "Paso muchas horas aquí, me ayuda a evadirme y me motiva", confiesa Ana, regadera en mano.

Así empiezan las historias de estos lugares autogestionados. Con una idea: recuperar un espacio degradado y estrechar lazos entre los vecinos. "Estos sitios los hacemos todos", repiten los implicados en los huertos urbanos, un movimiento ya asentado en otras ciudades europeas como Londres. En Madrid, de momento, son pocos y sólo se conocen por el boca a boca, pero aspiran a crecer. La del barrio del Pilar es la huerta urbana más consolidada. Empezó en el verano de 2007 y, poco a poco, los vecinos de la plaza incluyeron entre sus tareas cotidianas la de regar y remover la tierra. "Hemos conseguido tener algo de qué hablar en el ascensor", explica Rufino, veterano vecino de una de las casas que la rodean. "El barrio es de los vecinos, pero hay que participar para sentirse dueño y cuidarlo". Otro de ellos, sin dejar la azada, apunta: "¡Y los tomates saben a tomates!".

"Lo que cultivamos se reparte", explica Mikel Fernández, uno de los impulsores del huerto, "pero eso es lo que menos preocupa". Lo importante, cuenta apoyado en la mesa al aire libre de La Piluka, es que se fomenta la unión entre los vecinos y "se utiliza un lugar que antes era sólo cagadero de perros". Ya es algo. "A veces hasta es complicado encontrar semillas en Madrid", explica entre escarolas y cebollas. El huerto ha generado otros proyectos, como la fabricación de jabón con restos de aceite o las meriendas acompañadas de lectura de poemas.

Y ha despertado el gusanillo de otros colectivos. Es el caso de La Charca de la Rana, un grupo que intenta recuperar un descampado del parque de las Avenidas como lugar de encuentro. El segundo sábado de cada mes, desde noviembre, organizan un mercadillo de trueque. "Nuestro próximo proyecto es poner en marcha una huerta", contaba Miguel en medio del ajetreo del sábado pasado. Mirando los matorrales que crecen salvajes alrededor, la idea se antoja ambiciosa. Algo más allá asoman los restos del botellón. El trabajo de limpieza es la primera tarea de los futuros hortelanos.

Los vecinos de Lavapiés, de momento, no pueden seguir regando las hortalizas que plantaron tras dos días de desescombro de un solar abandonado a su suerte entre el ladrillo de la calle del Doctor Fourquet. La pequeña huerta ha sobrevivido desde diciembre por sus propios medios, porque la tapia que separa el solar de la calle apareció un día cerrada con candado. El colectivo Estaesunaplaza ha enviado un proyecto al Ayuntamiento para continuar con las plantaciones. "En Lavapiés no hay muchos parques y queríamos aprovechar este espacio, que llevaba 30 años olvidado", cuenta Nuria Navarro. La Consejería de Urbanismo sigue estudiando la idea, presentada en febrero.

Quienes se han animado a recuperar el contacto con la tierra en medio de la gran ciudad aseguran que es muy gratificante comerse lo que uno mismo cultiva. Por eso quieren que florezcan más proyectos de este tipo. En la Casa de Campo, en un terreno sin utilizar cedido por la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA), varios miembros del grupo medioambiental GRAMA dedican su tiempo libre a enseñar técnicas de horticultura ecológica. En los últimos cuatro años han dado forma a 100 metros cuadrados de terreno. De los bancales asoman hoy los primeros brotes de la cosecha. "Hacemos una fiesta en la recogida y nos comemos los resultados del trabajo del año". "Enseñamos para que la gente pueda hacer sus propios huertos en zonas más urbanas", explica Antonio Gabriel, educador ambiental, que se despide invitando a visitar el huerto en unos meses, con las hortalizas en pleno apogeo.

La huerta urbana del barrio del Pilar nació en 2007 y consiguió cambiar la cara a la plaza de Corcubión.
La huerta urbana del barrio del Pilar nació en 2007 y consiguió cambiar la cara a la plaza de Corcubión.CARLOS ROSILLO
Grupos de vecinos aprovechan los espacios públicos inutilizados en Madrid. Lee el reportaje, este domingo en EL PAÍSÁ. Á. RICCIARDELLI/A. BERDIÉundefined

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