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Nuevo México suprime la pena de muerte

El gobernador Bill Richardson aprueba una ley a la que siempre se opuso

La pena de muerte es historia desde ayer en Nuevo México (EE UU). El último paso hacia su abolición lo dio el gobernador de ese Estado, Bill Richardson, al firmar el proyecto de ley para suprimir la máxima pena y reemplazarla con una sentencia de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Demócrata con aspiraciones presidenciales en el pasado y probablemente con un futuro político truncado tras saberse que está siendo objeto de una investigación judicial por la adjudicación de un lucrativo contrato, Richardson ha tomado ahora esta decisión después de haber respaldado con anterioridad la aplicación de la pena capital.

Votó en contra de su abolición como congresista en 1994 y en 2002, ya cuando era gobernador electo. En 2003, un artículo del Albuquerque Tribune recogía el sentir de Richardson, común a cualquier político con aspiraciones a la Casa Blanca y que sabe que su ADN debe llevar la impronta de la máxima pena: "Apoyo la pena de muerte con las más estrictas salvaguardas. Apoyo la pena de muerte para los crímenes más atroces. Siempre lo he hecho mientras estaba en el Congreso".

"La decisión más difícil"

En palabras del propio gobernador, la decisión de abolir la pena de muerte marca "el fin de un largo viaje personal sobre el tema". "Ésta ha sido la decisión más difícil de tomar de mi vida política", declaró Richardson ayer a través de un comunicado. "Si el Estado va a asumir esta enorme responsabilidad, el sistema que imponga la pena de muerte debe ser perfecto y no puede equivocarse nunca", agregó. "Pero la realidad es que el sistema no es perfecto".

La semana pasada, el Senado estatal en manos de los demócratas revocó la pena con un proyecto de ley por 24 votos a favor y 18 en contra. El texto ya había sido aprobado por la Cámara de Representantes de Nuevo México. Sólo faltaba la firma del gobernador, que consultó con expertos y con políticos cercanos, incluida la vicegobernadora, Diane Denish, que le conminó a apoyar la ley.

Nuevo México es el decimoquinto Estado que abandona el castigo capital desde que el Tribunal Supremo lo reinstauró en 1976 y el tercero en hacerlo en los dos últimos años tras Nueva York y Nueva Jersey en 2007, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte (DPIC, en sus siglas en inglés). Hay proyectos de ley pendientes en varios Estados más para abolirla. Sólo una persona ha sido ejecutada en Nuevo México con inyección letal desde 1960. Fue Terry Clark, en 2001, por el asesinato de un niño. Desde 1976 se han ejecutado en EE UU a 1.156 personas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de marzo de 2009