Columna
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Hipocresía cofrade

He de confesar que me resulta difícil entender que haya gente interesada en sacar procesiones, aportar tiempo y dinero para decorar pasos, poner flores, encargar exornos lujosos, túnicas y todo tipo de enseres, pagar bandas de música y toda la parafernalia que acompaña a los pasos de la Semana Santa en la calle. Tampoco entiendo muy bien que haya gente dispuesta a cargar con pesados pasos o salir con un cirio durante horas. Pero eso está en el capítulo de la ideología o de las costumbres y por tanto no queda más que aceptar los puntos de vista de los demás. Me llama también la atención que haya gente a la que le guste ver pasar estos enormes cortejos por las calles, incluso gente sin creencias religiosas vean estas procesiones como parte de una tradición. Pero lo que clama al cielo es que muchos de quienes dirigen estas hermandades pretendan darnos lecciones de moral e imponernos sus puntos de vista. Mal está que tomen nuestras calles al asalto durante una semana, que ensucien nuestras calles y que los poderes públicos inviertan en ello dinero de todos. Lo que ya es insólito es que se ofrezcan como salvadores de la moral pública. Se ha iniciado un movimiento para que todas las cofradías se pronuncien contra el proyecto de ley del aborto que prepara el Gobierno. Unas cofradías que tenían como fin poner en la calle lujosos pasos en medio de la afectación, la impostura y el paroxismo nos quieren gobernar a todos los españoles. Basta pues con que el gobierno no se deje amedrentar. Los capillas actúan en función de unos preceptos que ellos pretenden sagrados, es decir, por encima de las leyes que aprueba el Parlamento elegido por la soberanía popular. Piensan que sus puntos de vista son divinos y por lo tanto están por encima del propio Parlamento. Ya se han manifestado las cofradías de Jerez y de Cádiz, las hermandades del Rocío y se prepara una respuesta conjunta de las hermandades sevillanas, todas contra el Gobierno de España.

Es curioso que esa idea del "derecho a la vida" se aplica en función de los puntos de vista políticos de la jerarquía eclesiástica y de los dirigentes de estas hermandades. No hubo la más mínima respuesta contra la guerra de Irak llevada a cabo por el Gobierno español y otros gobiernos occidentales y que tantas muertes ha causado. ¿No tenían derecho a la vida los iraquíes? ¿por qué aquella iniciativa del gobierno del PP, cuyo comienzo fue cercan al tiempo de la Semana Santa, no tuvo respuesta? ¿los iraquíes no son personas, no tienen ese derecho a la vida, no tienen familia? ¿No se podría aplicar el llamado derecho a la vida a la pena de muerte y actuar contra quienes la ponen en marcha? ¿no tienen derecho a la vida los presos de Guantánamo que han sido torturados y encarcelados sin acusación? ¿No podrían los cofrades manifestarse contra la tortura? Pero hay más: ¿no tienen derecho a la vida todos los enfermos que pueden curarse por la investigación con células madre embrionarias? ¿No tienen derecho a ejercer y desarrollar su vida las personas que declaran su condición homosexual en igualdad con los heterosexuales? Un niño se ha curado de su grave enfermedad mediante un hermano nacido mediante selección genética del embrión, ¿no tiene ese niño derecho a la vida? ¿ hay que dejarlo morir? Otra más, ¿no tienen derecho a vivir su vida y su muerte con dignidad todas las personas sin que se les niegue los cuidados paliativos o su deseo de no sufrir la prolongación innecesaria de la vida cuando no quieren sufrir más? ¿eso no es derecho a la vida? Pero podríamos seguir ¿quiénes asesinó Queipo de Llano no tenían derecho a la vida? ¿por qué su mujer sigue dando nombre a una Iglesia y su fajín forma parte de un paso? ¿por qué está enterrado en la capilla de una cofradía? En resumen, los hermanos mayores de las cofradías andaluzas ni que decir tiene que tienen todo el derecho del mundo en expresar sus puntos de vista. Pero que se apliquen el cuento a todos los órdenes de la vida y no sean más hipócritas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 15 de marzo de 2009.

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