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Crítica:LIBROS | Narrativa

El amante judío

La primera novela del cosmopolita André Aciman (nacido en 1951 en Alejandría de una familia sefardí, educado y educador universitario en Estados Unidos, escritor en inglés) no está a la altura de sus ensayos literarios pero se lee con gusto. Su trama, el exaltado amor que Elio, un adolescente judeo-italiano, siente por Oliver, el joven escritor, medio invitado, medio empleado, que su familia acoge, según una costumbre anual, en su mansión costera, recuerda en más de un motivo y situación las novelas de David Leavitt, aunque resulta evidente que los modelos literarios de Aciman van más allá; la temperatura pasional, la obsesión fetichista y ciertos asomos de un enfermizo sentimiento de culpa tienen ecos proustianos, careciendo de la saludable, robusta y a la postre romántica resolución de tantas fábulas de Leavitt. También las resonancias hebraicas podrían remitir a Proust, aunque prefiero, en tan breve reseña, no meterme en el berenjenal talmúdico. Los familiares de Elio son, como él mismo dice, "judíos muy discretos", y el norteamericano Oliver un exhibicionista de su judaísmo; a costa de esas diferencias, el autor introduce algunas picantes alusiones al alarde de los miembros viriles circuncisos.

Llámame por tu nombre

André Aciman

Traducción de Guillermo Díaz Ceballos

Alfaguara. Madrid, 2008

320 páginas. 17 euros

El romance amoroso se desarrolla entre partidas de tenis, paseos en bicicleta y devaneos que tanto Elio como Oliver tienen con algunas señoritas locales, lo que permite a Aciman aproximarse también al mundo de Bassani en El jardín de los Finzi-Contini. Las alusiones literarias, abundantes y lógicas en muchachos tan librescos como ellos, están muy bien urdidas, destacando la intriga de los dos ejemplares, uno dedicado con un mensaje críptico, de la novela Armance de Stendhal. Sin embargo, lo más poderoso, narrativamente hablando, del libro, es lo más atrevido, lo que bordea una elegante forma de soft porn, que tiene su apogeo en el episodio en que los amantes se trasmiten el fluido seminal por melocotón interpuesto. La deficiente traducción castellana desgracia el refinamiento del texto original de André Aciman. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de marzo de 2009

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