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El Dalai Lama promete "vivir más" para luchar por su pueblo

La salud del líder tibetano preocupa a sus compatriotas

"Intentaré vivir más tiempo por la causa tibetana", dijo ayer el Dalai Lama, líder espiritual y político de los tibetanos. Con esas palabras agradeció la plegaria por su salud que realizaron cientos de fieles, en su mayoría monjes, frente al templo de Tsuglag Khang en Dharamsala, la ciudad india situada a los pies del Himalaya que acoge, desde 1959, al Gobierno tibetano en el exilio y a otros 100.000 compatriotas que siguieron al Dalai Lama en su huida de China.

El líder espiritual budista, que cumplirá 74 años el próximo julio, fue hospitalizado varias veces el año pasado y después de haber sido operado en octubre de cálculos en la vesícula, volvió a ser intervenido en febrero pasado. Desde otoño ha cancelado varias de las visitas que tenía planeadas en su continuo recorrer del mundo para defender la causa tibetana.

Estas idas y venidas del hospital preocupan cada vez más a la comunidad tibetana, que desea mayoritariamente que el premio Nobel pueda volver a Lhasa, capital de Tíbet, y morir allí. Sin embargo, todos son conscientes de que "es increíblemente difícil imaginar ese escenario con China en contra". El Dalai, que también ha manifestado su voluntad de volver, defendió en un congreso que reunió el año pasado a los principales monjes de esta fe, la que llamó la "vía del medio", una propuesta pacífica que prevé una mayor autonomía del territorio tibetano dentro de la República Popular de China.

"Somos optimistas y esperamos que nuestro líder todavía dure muchos años, pero estamos completamente listos para continuar el movimiento por Tíbet", dice el responsable de la Oficina de Coordinación del Gobierno en el exilio, Tenzin Lekshay. Los grupos pro tibetanos coinciden en que "el Dalai Lama ha logrado su objetivo de convertir su causa en un movimiento por los derechos humanos de los seis millones de tibetanos que viven en Tíbet", asegura el portavoz de la campaña Free Tibet, Matt Whitticase.

China, que considera al Dalai "el mayor elemento desestabilizador de Tíbet", se debate sobre las consecuencias que tendría su fallecimiento, que profundizará la división entre los que apoyan la "vía del medio" y los que no se conforman más que con la independencia.

Según Whitticase, el movimiento por la libertad de Tíbet no perderá su influencia porque "se ha establecido un fuerte Gobierno democrático en el exilio". Sin embargo, incluso las autoridades tibetanas reconocen "cierto temor por la gran frustración que se ha generado entre los jóvenes y el miedo a que desemboque en violencia", añade Tenzin Lekshay.

El ala radical más organizada, el Congreso de la Juventud Tibetana, reconoce que no ha dejado de pedir la completa independencia. "Aunque no la queremos, no podemos descartar la violencia", asegura la encargada de relaciones públicas, Tenzing Yangdon.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de marzo de 2009