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OPINIÓN

Segundo 'new deal'

Entre los años 1933 y 1935 se desarrolla en Estados Unidos la política que suele denominarse primer new deal. En enero de 1935, el presidente Roosevelt destaca su nuevo programa de reformas, lo que se conocerá más tarde por los historiadores como el segundo new deal. Hay políticas comunes a ambos -la mayor parte de ellas aprobadas en los cien primeros días de Roosevelt en la Casa Blanca-, como son la reestructuración y regulación del sistema bancario y de Wall Street, los subsidios para reducir la producción agropecuaria (antecedente de la europea Política Agrícola Común), las inversiones en obras públicas con el fin de crear puestos de trabajo, la conservación de los recursos naturales, la producción de energía eléctrica barata, etcétera.

Es preciso estudiar los efectos de una profunda recesión en los conflictos violentos del pasado

Mientras seguía intentando ganar influencia en la Administración demócrata americana, Keynes terminaba de escribir su obra magna, la Teoría de la ocupación, el interés y el dinero. Aunque Roosevelt había prometido que iba a reducir en una cuarta parte los gastos gubernamentales, la deuda y el déficit siguieron acumulándose como medio para estimular la demanda global, disminuir el desempleo y sacar a la economía de la postración.

Éste es el contexto económico internacional en el que en España estalla la Guerra Civil. La historiografía sobre la contienda española es muy abundante y afortunadamente continúa mejorando en calidad, más allá de los revisionistas que la empequeñecen y la hacen sospechosa. Si hay un segmento más retrasado en el estudio de esos dramáticos años, quizá se refiera a sus aspectos económicos. A su intendencia. Para paliarlo en parte aparece ahora un libro extraordinario: los dos tomos de Economía y economistas españoles en la Guerra Civil (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores y Real Academia de Ciencias Morales y Políticas) son la obra póstuma de Enrique Fuentes Quintana. Dirigida en sus últimos años de vida por el que fuera vicepresidente económico del Gobierno en la transición, y coordinada por un estupendo historiador económico como es Francisco Comín, en sus más de dos mil páginas trata de responder a preguntas tales como la influencia de las variables y las políticas económicas en el desarrollo de la guerra, cómo se organizaron económicamente los dos bandos, cómo financiaron el conflicto, hasta qué punto las diferentes estrategias económicas estuvieron determinadas por las circunstancias de la guerra, en qué modelos económicos se inspiraron los republicanos y los franquistas, por qué España tardó tanto tiempo en reconstruirse económicamente y qué responsabilidades hubo en los pésimos resultados de la economía en la posguerra.

Como obra colectiva que es, los autores (entre los que están bastantes de los mejores historiadores) discrepan entre sí en algunas cuestiones, pero hay un amplio consenso en la descripción de los hechos y en las interpretaciones sobre la economía y la política económica de la Guerra Civil. Insisto, libro imprescindible para el conocimiento de aquellos años y una belleza. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de febrero de 2009