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Cosa de dos

Pánico

Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco, dijo el otro día que el sistema televisivo estaba en quiebra. La cosa tenía su puntillo de cinismo y su puntillo de desvergüenza, visto que tanto Telecinco como la otra gran empresa privada del sector, Antena 3, han dado a sus accionistas montañas de dinero, y, a fecha de hoy, siguen generando una pasta considerable. Quiebra, ni de lejos. Pero algo hay, porque empieza a olerse el pánico.

No es extraño que TVE y Antena 3 coincidan en la idea de fabricar una miniserie sobre el intento de golpe de Estado de 1981, el llamado 23-F o, de forma más reductiva, el tejerazo. No habría sido extraño que ambas cadenas coincidieran en emitir sus miniseries el 23 de febrero. Lo que sí es raro es que hayan coincidido esta semana, pisándose el martes la una a la otra. Se trata de un caso de contraprogramación aguda, una patología típicamente asociada al miedo y cada vez más frecuente.

En cuestión de audiencia salió ganando TVE, por goleada. Aún no he visto el producto, por lo que dejo para mañana un posible comentario. Sí he visto el de Antena 3: medianito, tirando a mediocre. Mientras TVE optó por una reconstrucción histórica de los hechos, con el Rey como heroico protagonista, Antena 3 se sacó de la manga una historia de amoríos, espionaje, mentiras y ruido de sables, con el 23-F como simple excusa argumental.

23-F, historia de una traición, la cosa de Antena 3, tenía un aspecto interesante: se basaba en la hipótesis de que sabemos muy poco sobre aquella intentona golpista, y lo que creemos saber es engañoso. Según la miniserie de Antena 3, presentada como pura ficción, en aquella algarada casposa estuvo implicado hasta el apuntador. ¿Les parece inverosímil? A mí, no del todo.

Pero hablábamos de pánico. Y en Telecinco parece que hasta la orquesta del Titanic padece un ataque de histeria. ¿A quién se le ocurre emitir Camera Café en la primera sobremesa? Vale que la cadena de Berlusconi tiene un agujero negro a esas horas, pero sacrificar uno de sus mejores botes salvavidas, arrojándolo a una franja horaria en la que no pinta nada, constituye un perfecto ejemplo de lo que no debe hacerse en caso de naufragio. Si es que lo hay.

egonzalez@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de febrero de 2009