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"Quiero calidad de vida, me da igual el lugar al que me manden"

"El estrés que me provoca la inestabilidad de ser interina me ha llevado a pasar por dos depresiones, a que me salgan herpes y a vivir en un estado de nervios constante". La onubense María Acosta, de 49 años, trabaja este curso como tutora de segundo de Primaria de un colegio público de San José de la Rinconada (Sevilla).

Entre cartulinas de colores, pizarras y pupitres enumera los destinos que ha tenido durante los 17 años que lleva como profesora interina: "He pasado por Coripe, Villaverde del Río, Alcolea del Río, Algámitas, Utrera, La Línea de la Concepción, Villanueva de San Juan, El Viar del Caudillo, Sevilla y San José de la Rinconada". Entre destino y destino, le ha dado tiempo a casarse, a tener una hija y a llevarse a su madre a vivir con ella en alguna ocasión. Cuenta que se ha presentado a las oposiciones de Educación Infantil en 17 ocasiones y ha aprobado cuatro de ellas, pero nunca ha conseguido sacar una plaza de funcionaria. "Lo que menos entiendo es por qué me tengo que estudiar una y otra vez lo mismo, si ya he aprobado, que me guarden la nota".

Se ha presentado a las oposiciones 17 veces y ha aprobado 4 de ellas

María se levanta a las siete de la mañana, ha superado el miedo a coger el coche y va cada día de Sevilla a San José de la Rinconada a dar Matemáticas, Lengua, Conocimiento del Medio, Plástica y alternativa a Religión. Cuando termina las clases vuelve a su casa, come y estudia cuatro horas. No atiende ni al teléfono. "Anoche estudié hasta las dos de la madrugada porque tuve clase por la tarde, evidentemente después no rindo tanto, aunque hago mi trabajo lo mejor que puedo y en este colegio estoy contentísima". Los sábados y domingos también los dedica a estudiar.

Pero todavía le quedan los meses más duros, hasta junio no serán las pruebas. "Lo peor es julio, antes de que salgan las listas con los destinos. Nunca he vivido unas vacaciones tranquilas, empiezo a no dormir, a fastidiar a mi familia, a estar de mal humor, me aflora la agresividad. Hasta que no sé el destino, no descanso". Y esto lo vive cada año.

"Yo lo que quiero es calidad de vida, me da exactamente igual el lugar al que me manden, ya veré qué pasará con mi familia, palabra de honor, sólo quiero una plaza".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de febrero de 2009