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Reportaje:

El lateral desterrado por Marcelo

El brasileño Luis Filipe dejó la cantera madridista y se afianza en el Deportivo

Augusto César Lendoiro, el presidente del Deportivo, se llevó una alegría cuando en el verano de 2007 su nuevo entrenador, Miguel Ángel Lotina, le dijo que se arreglaba con lo que había, que la plantilla estaba compensada para competir en Primera. El vasco tan sólo hizo una petición: "Necesitó un lateral izquierdo para ponerle la camiseta y jugar". Por allí andaba el joven brasileño Filipe Luis Kasmirski, pero el Deportivo se fue a Argentina a por Pablo Sebastián Álvarez, un ignoto lateral del que pronto se supo que ni siquiera era zurdo. Pero Lotina quería ponerle la camiseta a alguien y, como no se cerró el acuerdo económico con Estudiantes de La Plata, comenzó la Liga con Manuel Pablo en la banda izquierda. La solución apenas duró un mes. Manuel Pablo regresó a la derecha, Pablo Sebastián Álvarez acabó en el Catania, donde fracasó para acabar de vuelta al fútbol argentino, y Filipe entró en el once para no dejar de crecer. Nadie ha jugado desde entonces más minutos que él en el Deportivo.

"Había visto unos vídeos suyos como interior y no me gustaba nada", reconoce Lotina. A Filipe tampoco le atraía jugar en esa posición a la que le acopló Joaquín Caparrós. Su fútbol reclama espacios porque es el clásico lateral brasileño, pleno de recursos ofensivos y despistado para proteger su espalda. Así creció en el Figueirense, un club del sur de Brasil del que partió hacia la cantera del Ajax cuando aún tenía acné. Estuvo un año en Holanda antes de aceptar la oferta del Real Madrid para recalar en el Castilla con Arbeloa, De la Red, Jurado y Soldado, y opositó sin éxito a la sucesión de Roberto Carlos. En esa carrera el Madrid apostó por Marcelo y Filipe acabó en Riazor con mucho por aprender y atrapado en un entramado contractual que le vinculaba al Rentistas, uruguayo, un club para el que nunca llegó a jugar. Superado el purgatorio de los despachos y el del césped, convenció a Lotina. "Al principio fue duro ver que contaba con otros cuando yo era el único lateral zurdo, pero me fijé en los comentarios que le hacía el técnico a Manuel Pablo y cuando me dio la oportunidad la agarré con las dos manos", recuerda.

Lotina se aplicó a pulir el diamante que no había apreciado. No es extraño verles tras los entrenamientos haciendo horas extra. "Tiene talento para atacar, pero debe aplicarlo para defender porque ésta es una faceta que no se consigue sólo siendo agresivo", argumenta el técnico. El chico, de 23 años, sueña con ser "el lateral perfecto" y que Dunga, el seleccionador brasileño, se acuerde de él. Con Brasil cayó en semifinales del Mundial juvenil de 2005 ante la Argentina de Messi y Agüero. Poco después recibió una oferta desde Polonia para vestir los colores de su selección. De allí salieron los Kasmirski para huir de la Segunda Guerra Mundial. El abuelo de Filipe llegó con ocho años a Brasil, donde se casó con una italiana, vía que el futbolista explotó en su día para no ocupar plaza de extracomunitario.

Hubiera podido jugar con la azzurra e incluso guardarse la opción de vestir la roja como hicieron Senna, Catanha o Donato, pero la FIFA obliga a elegir, como muy tarde, a los 21 años, y a esa edad todavía pesan más los sueños que la razón: "Mi ilusión es Brasil". Sabe que el Bernabéu es un buen escenario. "Llevo toda la semana concentrado en parar a Robben. El Madrid me dio cariño y me abrió las puertas de Primera, pero quiero demostrar que podía haberme quedado allí", avisa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de enero de 2009