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Reportaje:

Una sombra en el Bernabéu

El estratega del Madrid, Pedja Mijatovic, conserva su puesto pero pierde el poder y los aliados

En mayo de 2007, el ex presidente madridista Ramón Calderón fichó a Miguel Ángel Portugal para que sustituyera a Pedja Mijatovic al frente de la dirección general de fútbol. Decidido a aferrarse al cargo, Mijatovic había luchado desde hacía meses para que, a ojos del presidente, se le viera desvinculado de Fabio Capello. Exactamente desde que supo que Calderón había decidido contratar a Schuster. El montenegrino había hecho un esfuerzo importante para disimularlo, pero Capello lo sabía todo mientras le miraba comerse una cazuela de almejas en un mesón de Plaza de Castilla. "Seguirás el año que viene", le dijo Mijatovic. "Tienes mi apoyo".

Durante aquel mes de mayo, Mijatovic vivió varias semanas asegurándole una cosa a Capello y la contraria a Calderón. Sin embargo, cuando creyó que había garantizado su posición, descubrió que a él mismo también le afilaban la guillotina. Se desencajó cuando supo que Portugal ya había firmado su contrato. Fue después del alirón, el día que Calderón le pidió que anunciara en público el despido de Capello. Mijatovic se revolvió contra su jefe y le lanzó una estocada: "Si le das mi cargo a Portugal yo no pongo la cara para echar a Capello. No te olvides que tú eres presidente gracias a mí". Calderón cedió. La consecuencia es que lleva año y medio haciendo informes que nadie lee en un departamento sin influencia.

El director deportivo anda por el club como un desocupado, buscando quehaceres

Como el destino da vueltas, hace diez días Mijatovic llamó a Calderón pidiéndole por favor que no dimitiera. El presidente optó por hacerle más caso a su esposa, Teresa. Desde entonces, el director deportivo ha pasado de ser un superviviente a convertirse en el fantasma con el traje más caro del Bernabéu. Como dijo ayer un viejo amigo suyo: "Pedja es un hombre ocupando un espacio vacío. Tiene una función pero no tiene poder. Debe reconducir algo sin fuerza. Sin ánimo de ofender: los jugadores son un 90% egoístas y le perderán el respeto porque dan por hecha su marcha".

Mijatovic y Calderón comparten una misma flaqueza: vivieron la experiencia del poder con ansiedad. Presintieron que su paso por el club sería fugaz. Buscaron apoyo en Raúl como quien busca legitimidad y acabaron consultando al capitán hasta los fichajes. Desde el verano, Schuster sospechó que si Mijatovic ponía trabas para fichar delanteros era porque quería ganarse el respaldo de Raúl. Hasta ahora, nadie en el club ha explicado convincentemente por qué Mijatovic, tras fallar en su intento por contratar a Cristiano, no fichó a Eto'o, a Villa, a Luis Fabiano, o a Milito. Todos se ofrecieron al Madrid. Todos fueron rechazados. También Robinho, que era de la plantilla y tenía dificultades para convivir con Raúl, fue reiteradamente despreciado por Mijatovic.

En los dos años y medio transcurridos desde que ocupó su despacho, Mijatovic invirtió 300 millones de euros en fichajes. Se trata del mayor gasto en menos tiempo de la historia del fútbol. Entre medias, fue testigo de la dimisión de un presidente, el despido de dos entrenadores y la marcha de su adjunto a la dirección deportiva, Franco Baldini, que prefirió irse con Capello, y ahora es el director deportivo de la Federación Inglesa. Después de desembarazarse de Capello, Mijatovic repitió que él no tenía por qué irse. Afirmó que él se iría con Calderón.

Calderón ha dimitido, entre otras cosas, por el fracaso de su política deportiva. Mijatovic sigue. Nada más asumir, el nuevo presidente, Vicente Boluda, dijo que en su empresa habría mandado "a la calle" al responsable de fichajes. Se refería a Mijatovic, al que, sin embargo, conserva. A la espera de elecciones, el montenegrino anda como un desocupado, buscando quehaceres. Por lo visto, ya encontró uno: presionar al árbitro. Si el domingo pasado se presentó en el vestuario arbitral para discutir con Pérez Burrull antes del partido, hoy, con la visita del Depor, su objetivo puede ser Teixeira Vitienes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de enero de 2009