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Reportaje:

El discreto mutis de Pastor

El seleccionador con mejor palmarés dejó el equipo al cerrar su ciclo

Juan Carlos Pastor llegó de la nada y regresó cuatro años después a la misma nada haciendo el mismo ruido, ninguno. Ni siquiera nadie parece querer recordarle ahora, en el momento en el que la nueva federación se ha estrellado. Y él tampoco hará nada para que se le recuerde. "Me llevo bastante bien con Valero", dijo Pastor en una conversación antes de comenzar el Mundial. "Tengo una buena relación y él bien sabe a quién tiene que llevar".

Con ruido llegó su sucesor, Rivera, que se hizo grande con el Barça y aterrizó como el Mesías; con ruido se fue Pepu Hernández, convertido en un semidiós después del Mundial ganado con la selección de baloncesto.

La excepción se produjo en Valladolid, donde la niebla. "Es que ha habido muchas guerras y el entorno nunca me ha sido muy propicio", dice Pastor, sin un ápice de acritud. "Que un chico de Valladolid ganara medallas... no se entendió muy bien, y yo tampoco me hecho amigo de periodistas, ni he ido dando exclusivas. Entré discreto y salí discreto, y tan orgulloso".

No se encontró con grandes titulares cuando llegó, en todo caso con dudas, ni tampoco cuando se despidió -voluntariamente lo anunció a la prensa en voz muy baja tras el bronce de Pekín para no restar protagonismo a la despedida reversible de Barrufet-, pese a que entre medias condujera a la selección española de balonmano a un cuatrienio de oro: un título mundial, un subcampeonato europeo, un bronce olímpico, un oro en los Juegos del Mediterráneo. "Y estoy convencido de que los árbitros nos privaron de una medalla en el Mundial de Alemania, en 2007", dice Pastor, de 40 años, quien combinó durante cuatro años la selección el banquillo del Valladolid, un equipo al que empezó a entrenar hace 12 años, antes de cumplir los 30 y con el que sigue comprometido hasta 2010. Un banquillo por el que dejó a la selección. "Ya era imposible combinar ambos puestos y yo quiero ser un entrenador todos los días del año, no sólo dos meses. En 2005, después de ganar el Mundial de Túnez, tuve que negociar durante dos meses mi continuidad en ambos puestos. Y me comprometí sólo por el ciclo olímpico. Es lo que quería. Y una vez cumplido, tenía que ser coherente".

Aunque bien se puede alegar que después de Pekín hubo elecciones federativas y que el nuevo presidente, Juan de Dios Román, nunca contó con Pastor, también es cierto que el técnico vallisoletano ya avisó a sus jugadores antes del partido por el bronce contra Croacia que pasara lo que pasara no seguiría. Y también se lo dije al presidente Ricondo. No me dejé presionar para seguir. Hasta Lissavetzky me preguntó si mi marcha era irreversible... Le dije que por supuesto.

Así que a nadie debe extrañar que Pastor siga sintiéndose un privilegiado por haber dirigido a la selección en una etapa "con comienzo y final". "Y muy contento con los resultados y la forma de juego que creamos, que ha sido imitada. Y con la invención de jugar las inferioridades sin portero... Y, sobre todo, con los jugadores. Pero no digo que no vuelva a una selección. Pero no tiene por qué ser la española. Y cuando tenga 50 años...".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de enero de 2009