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Necrológica:

Giorgio Mondadori, editor

Heredero del imperio editorial italiano que presidió, impulsó la fundación del diario 'La Repubblica'

El editor Giorgio Mondadori, segundo hijo y heredero del imperio familiar levantado por Arnoldo Mondadori, del que fue presidente entre 1968 y 1976, murió el sábado en una residencia de Figline Valdarno, provincia de Florencia, a los 91 años.

Había nacido en 1917 en Ostiglia, lugar de la primera sede de Mondadori, y con su hermano mayor, Alberto, jugó un papel principal en el auge y caída de la gran casa editora, que en los años treinta mantenía espléndidas relaciones con el régimen de Mussolini. En aquella época, Giorgio fue enviado por su padre a la tipografía de Verona, y participó en el desarrollo industrial, ayudado por el Plan Marshall, que convirtió al grupo en un gigante europeo.

En los años sesenta, Giorgio fundó una empresa papelera en Ascoli para suministrar material a los diarios y revistas de la sociedad familiar. Su mayor mérito, sin embargo, fue tomar la decisión de encargar al arquitecto brasileño Oscar Niemeyer que construyera la nueva sede del grupo en Segrate (Milán).

Elegido por su padre para sucederle como presidente de la empresa, participó de forma crucial en la creación del periódico La Repubblica, albergando la reunión fundacional en su villa cercana a Verona. Era 1975 y asistieron Eugenio Scalfari, el recientemente desaparecido Carlo Caracciolo, más el cuñado de Giorgio, Mario Formenton.

Pocos meses después, sus hermanas Cristina y Mimma, con el apoyo de su madre, Andreina, decidieron despojarle de la mayoría accionarial y del cargo de presidente y entregaron el timón del grupo a Formenton, marido de la primera.

Formó entonces Giorgio su propio grupo, con su nombre y en sociedad con Caracciolo, y editó diarios regionales y revistas como Airone, Bell'Italia y otras de viajes, arte y jardinería. En 1999 vendió sus acciones al grupo Cairo y se retiró de escena. Según dijo entonces, nunca se le curó de la herida "del golpe de Estado" de sus hermanas, y no volvió a poner un pie en Segrate.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de enero de 2009