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Los planes de refuerzo escolar y de lectura frenan el absentismo

La inasistencia a clase cae dos puntos en tres cursos en 2.500 centros españoles

¿Por qué los niños y los jóvenes, aun sabiendo leer, no lo hacen? ¿Cómo se puede promover el hábito del estudio a través de la lectura? ¿Por qué la lectura es tan importante para adquirir competencias en materias instrumentales? Buena parte de las respuestas a estas preguntas están contenidas en la evaluación que se ha hecho el Ministerio de Educación del Programa de Orientación, Refuerzo y Acompañamiento escolar (PROA), implantado en 2005 en 143 centros de Primaria de siete comunidades autónomas, y en Ceuta y Melilla. En este curso 2008-2009 se ha extendido ya a 2.613 colegios e institutos de toda España. Entre las principales conclusiones que se extraen de la evaluación destacan dos: el 65% del profesorado señala que el programa "ayuda a mejorar los hábitos de lectura", y el 75% de tutores cree que "reduce el alto grado de absentismo de los alumnos".

De hecho, según los datos cruzados del Eurostat (la oficina estadística de la Unión Europea), muestran el impacto de los PROA y otros programas similares: en 2004 la tasa de abandono educativo se situaba en España en el 31,7%; en 2005 pasó al 30,8%, y en 2006 al 29,9%, recortándose en casi dos puntos el absentismo escolar. Aunque todavía es "prematuro", desde el ministerio apuntan que la trayectoria de los PROA se ha "consolidado" en todas las autonomías, de tal forma que el presupuesto se ha incrementado en un 57% en 2008 y alcanza ya los 97,15 millones de euros, cofinanciados al 50% por el Estado y las autonomías.

No obstante, en la Comunidad Valenciana, la implantación ha sido lenta y desigual. El enfrentamiento inicial del Gobierno autonómico del PP con la ex ministra María Jesús Sansegundo por la derogación de la reforma educativa de Aznar y la aprobación de la Ley Orgánica de Educación (LOE), dejó la implantación de los PROA bajo mínimos en el curso de 2005. En el mismo periodo, todos los estudios confirman la curva ascendente del fracaso escolar en la Comunidad Valenciana, que pasó de ocupar el sexto puesto por arriba en 2000 a caer al 13º por la cola en 2006, sacando del sistema a 16.000 jóvenes de entre 18 y 24 años sin título de ESO cada año.

Superado el escollo con el ministerio, el presupuesto valenciano para los PROA ha ido creciendo año a año hasta alcanzar los 4,6 millones en 2008. Se ha pasado de sólo 44 programas PROA en 2005 a los 119 actuales.

En este momento, según confirma Ximo Carrión, de la Comisión Permanente de Directores, la aceptación de los PROA es buena. Su experiencia como director del IES Juan de Garay de Valencia, pionero en la implantación, es que "sí mejoran el hábito y las técnicas de estudio" y logran "fomentar la lectura" entre los jóvenes. Se trata de una especie de clases de repaso, pero no únicamente sobre una asignatura completa. "Creemos que yendo una horita más a estos programas, durante 4 días a la semana, pueden coger más habilidades y técnicas de estudio, comprensión, concentración y gusto por la lectura". Esto, añade, "puede ayudar a los alumnos a aprobar con más facilidad las Matemáticas u otra materia instrumental en la que vayan mal".

Voluntarios para hacer los deberes

"Hemos pasado del escepticismo -incluso la desconfianza, sobre todo, de los padres- a la expectativa y demanda de más participación por parte de los alumnos", resume Francesc Calatayud, vicedirector del IES Malilla, donde han desarrollado varios programas de refuerzo basados en la "integración" de los inmigrantes y en fomentar el "voluntariado" entre los propios estudiantes que ayudan a estudiar a los alumnos con problemas de aprendizaje. Éste es el caso de Ana María Navarro, una ex alumna de 17 años que el curso pasado participó en el programa PROA Entre iguales. Ella se ofreció voluntaria para dar clases de español a Supreet Kaur, recién llegada de la India con 14 años y que "no tenía ni idea de español". Supreet demuestra cómo ahora habla "perfectamente español y casi el valenciano". La ventaja, además, es que se han hecho "muy amigas". "Todavía la sigo llamando aunque no esté en el instituto, y estamos programando una comida en su casa", señala. "El valor de esta ayuda entre iguales es que se hace a la hora del patio o de la tutoría", resume Eugenio Piñero, responsable del programa, que confirma que "además de mejorar el rendimiento académico, se crea una red interna de relaciones". Rafa Fornás, tutor de otro programa de mediación, subraya: "Tenemos una idea embrutecida de la juventud, que tiene gran capacidad de entrega e iniciativa, debido a la imagen distorsionada de los conflictos escolares que difunden en la televisión".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de enero de 2009

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