Análisis:EL ACENTOAnálisis
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Todas las crisis son remakes

Así como en España el teatro está en crisis prácticamente desde que se inventó, en Estados Unidos los guionistas de cine viven en una crisis permanente de creatividad desde que se inventó el género catastrófico (Terremoto, El coloso en llamas, Aeropuerto...) allá por la década de los 70, según recuerdan los críticos de las publicaciones más sofisticadas. La oleada de remakes que se avecina demuestra, dicen, el estado herrumbroso de la imaginación. ¿Tiene algún sentido hacer una versión hoy de Los siete samuráis, Los Pájaros, Treinta y nueve escalones o La humanidad en peligro? Ganará seguro quien apueste a que serán muy inferiores a los originales; ahí está la versión de Psicosis de Gus Van Sant para ratificarlo dolorosamente. Pero en términos comerciales, la cosa es distinta. El remake es, a todos los efectos, un género más.

Pero sigue en pie el vértigo psicológico. Cualquier director de cine entiende la complejidad y belleza del plano que, elevándose sobre Bahía Bodega, detalla con sádica precisión los daños causados en la ciudad, la gasolinera en llamas, la dispersa angustia de sus habitantes, como hormigas en un páramo, mientras por debajo de la cámara en ascenso vuelven a planear las gaviotas; sabe que no podrá repetirlo, ni igualarlo, ni siquiera fundir el terror ornitológico de Du Maurier con el miedo latente a que el mundo podía cambiar de la noche a la mañana durante la Guerra Fría, como hizo Hitchcock. Quien ruede Los pájaros tendrá que aceptar esa disposición vicaria.

Los remakes son el cine que confía en la desmemoria. En esa debilidad fatal engranan con la patología general de la crisis financiera y de la cultura efímera. Este crash es un remake del de 1929, como el de entonces lo fue de la crisis de los tulipanes, casi con el mismo guión -apalancamiento, hundimientos bursátiles, crisis inmobiliaria-, mejores efectos especiales -billones de dólares comprometidos en inversión- y la misma convicción de que al final, por alguna acción mágica, la casa que se estuvo minando durante décadas se convertirá en un sólido hogar. Pero es lo que tienen los remakes, que rentabilizan la decepción anticipada -¡Verás como es peor!- de quienes pagan la entrada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0027, 27 de diciembre de 2008.

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