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Reportaje:

Los rumberos se organizan

Piden que sea considerada música tradicional catalana

Esta semana que acaba ha visto cómo en Barcelona se celebraba el I Simpòsium Nacional de la Rumba Catalana, rimbombante apelativo que muestra la necesidad que tienen los rumberos de reivindicar su espacio artístico, su música, su cultura y, en suma, su lugar bajo el sol. Uno de los impulsores de este simposio, el activista musical Txarli Brown, de profesión diseñador, comenzó a notar que "cuando recopilaba temas rumberos para el recopilatorio Achilifunk, había de buscar música en los Encantes, en colecciones particulares y hasta en bibliotecas". "La cuestión", añade, "es que un patrimonio cultural como la rumba catalana no disponía de un material sistematizado, archivado y conservado de manera eficiente, amén de que muchas de sus figuras resultan invisibles para el gran público".

Las razones de esta situación, según Txarli, estriban en que "el pueblo gitano no ha podido desarrollar la misma capacidad de organización de los payos, amén de que ha vivido su música como una celebración a la que en muchos casos no le ha dado trascendencia cultural. Ellos disfrutan y con eso les basta". Obviamente, en un mundo competitivo en el que muchos sectores cuentan con apoyos económicos, la rumba precisaba de cierto soporte institucional, "y cuando acudimos a solicitarlo nos dijeron que el paso previo era que nos organizásemos y que estuviésemos todos representados", señala Brown.

De aquí nació el simposio celebrado en el Centre Artesà Tradicionàrius el pasado jueves. Del mismo surgió un manifiesto de ocho puntos en el que se resumen las intenciones de esta plataforma a favor de la rumba, y entre los que destaca el que solicita que las instituciones políticas catalanas reconozcan que la rumba es música popular tradicional catalana. "Éste es el meollo del asunto", asegura Txarli Brown, "ya que ello nos permitiría acceder a unas ayudas de las que ahora estamos exentos. A mí me parece muy bien que se subvencionen músicas tradicionales aunque, de hecho, no tengan una manifestación en el día a día porque sus raíces crecieron en otros contextos sociales. Por lo tanto, una música popular, viva, que ahora mismo está viviendo una renovación en buena medida impulsada por jóvenes payos no puede por menos que ser considerada popular y tradicional, como un activo cultural exportable de Cataluña".

Los próximos pasos de la plataforma surgida tras el simposio, en el que se escogió una junta estable presidida por Peret, es presentar las reivindicaciones de la rumba ante Generalitat, Diputación y Ministerio de Cultura. De momento, la rumba suena cada jueves en el KGB, actual corazón de lo que comenzó siendo la música de los gitanos catalanes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de diciembre de 2008