Columna
i

Yo me bajo en ésta, ¿y usted?

¿Escándalos en Euskadi? No, gracias. Alguien, hace dos décadas me dijo que sería difícil que en la Euskadi provinciana (la liberal pasó a mejor vida), oficialmente nacionalista (los escaños son, al parecer, más importantes que las personas), religiosísima, en la que una pastoral tiene el mismo valor taumatúrgico que una victoria futbolística, no había escándalos. "¿Escándalos? Déjalo, chaval. En Euskadi no hay escándalos. Aquí funciona la palabra de vasco. ¿Lo de las tragaperras? Ganas de joder. ¿Azpiegitura? Un bicho, como la colza, pero en el hormigón, menos dañino. Aquello de Osakidetza, bueno, no sé, ya no me acuerdo. Tonterías. Y punto pelota". Euskadi es un país sano, de palabra, en el que pasa la vida porque "la vida son los ríos que van a dar en la mar que es el morir", que cantaba Jorge Manrique en sus Coplas a la muerte de su padre.

Yo que el Departamento de Cultura, más allá de la portavocía, me lo haría mirar

Y, de pronto, va y resulta que sí, que en Euskadi, en la gris Gran Vía de Bilbao, en la silenciosa Dato de Vitoria o en el afrancesado Boulevard de San Sebastián se comenta que en el Guggenheim hay un lío que va más allá de lo que un dirigente político catalogó como el descubrimiento de un chorizo (no de Cantimpalo, precisamente), o que en el Museo Balenciaga el maniquí económico está descuajeringado y que ha volado algo más que el viento. O que en Iruña-Veleia las inscripciones saltaban de siglo en siglo con la misma facilidad que un programa del corazón salta de las vísceras a los testículos. Y para cerrar el círculo, el Gobierno va y le concede al gran músico Kepa Junkera 750.000 euros para que construya tres discos. Así, sin más ni más

Todo cultura. ¿Qué pasa? ¿Que es el mal menor? ¿Es el peaje vasco, que, tratándose de la cultura, siempre ocupará el final de la franja horaria del interés? ¿Cuestión de deficiente gestión, de desatención institucional? ¿Un mal menor?

Veamos: que Cearsolo es un chorizo no cabe duda, pero que la desatención institucional ha sido, si no absoluta, algo parecido, tampoco admite ninguna duda. Y eso no pasa desapercibido. Vale lo mismo para el Museo Balenciaga. ¿Y en Iruña-Veleia? Ahí entramos en el lado friki de la vida, pero eso no exime a quienes apoyaron el lado friki de la vida. Lo de Kepa Junkera creo sinceramente que tiene menos que ver con la ideología o las afinidades de tal o cual consejero o consejera que con la ejecución presupuestaria. En noviembre de 2008, conceder a un músico, sea Johann Sebastian Mastropiero o Mocedades, 750.000 euros tiene mucho que ver con la necesidad de gastar el presupuesto adjudicado al Departamento de Cultura, porque, de lo contrario, lo no ejecutado se pierde en el siguiente año presupuestario. Hay libros, y libros, y libros y estudios, y estudios y estudios, y dictámenes y dictámenes que podrían demostrarlo con sólo mirar la fecha de adjudicación. Felicidades, Kepa, gran músico y casi vecino, que entre sus muchos méritos destaca el último: haber incluido a Ginesa Ortega en su último disco. La Carlsberg, la llamo yo: probablemente, la mejor cantante de flamenco del mundo. Lo que no le veo yo es al Departamento de Cultura como discográfica y a Miren Azkarate como programadora musical. Como no veo a Gontzal Mendibil (o lo que musicalmente queda de él) criticando la paja en el ojo ajeno y soportando la viga en el suyo. Yo que el Departamento de Cultura, me lo miraría, más allá de la portavocía (¡qué magnífico pareado!). Todo eso tiene arreglo. Lo que desgraciadamente no lo tiene es la muerte de Mikel Laboa o de Joan Bautista Humet, dos históricos, dos precursores, dos seres libres: uno innovador (Laboa), otro intimista (Humet). Qué ilusos, ¿verdad? Adónde vamos a ir a parar... Yo me bajo en ésta, ¿y usted?

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 04 de diciembre de 2008.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50