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ÁREA DE META

Real Madrid, abajo periscopio

Vestuario de Mestalla, año 1997, sábado medianoche, uno de esos partidos que empiezan el sábado para finalizar casi al día siguiente. Tras un partido desastroso que nos colocaba en posiciones de descenso, un jugador joven se acerca al veterano curtido en mil batallas para buscar consejo. Su pregunta simple y directa: "¿Qué vas a hacer mañana para desconectar de todo esto?". Respuesta: "Meterme en un submarino y bajar el periscopio".

Desde entonces, cuando los malos resultados nos presionaban, recurría a la metáfora del submarino para indicar, a quien estuviera interesado, cuál era mi solución para los momentos de crisis. Ahora, cuando veo a jugadores, entrenador y hasta al presidente del Real Madrid, intentar explicar las causas de la situación actual del equipo me los imagino embarcando en el supuesto buque y dejar la orilla para alejarse de toda influencia perversa.

Una de las mayores dificultades del fútbol es su enorme dimensión pública, que impide tener una perspectiva correcta, distante, diferente, hasta fría si quieren, de lo que te está pasando en el día a día. Cuando el jugador necesita elevarse del frustrante quehacer cotidiano para poder mirar dónde se encuentra el problema (efecto helicóptero) sufre el bombardeo constante de mensajes contradictorios, de informaciones cercanas que, desde el mayor de los cariños, nos empiezan a descubrir sombras amenazantes que nunca antes habíamos visto ni sentido. Puedes llegar a pensar, con los datos más seguros, que tu situación es culpa de algún contubernio o de la caída de Wall Street o una cortina mediática que algún Gobierno en apuros quiere utilizar para camuflarse tras tu fracaso. Y cuando, por fin, decides que nada de esto es lo que te hace jugar tan mal, cuando concluyes que no pueden ser los especuladores de colmillo retorcido de la Bolsa de Tokio los únicos causantes de tus miserias, cuando, por fin, tocas fondo y te miras a tu ombligo, aparece alguien de total confianza para dotarte de una nueva teoría de caos que aplicada en tu club resuelve todas las cuestiones. Y otra vez a empezar.

¿Cómo alejarse del ruido, de las informaciones interesadas, cómo despegarse de las interpretaciones para centrase en los hechos? A mí se me ocurría que un submarino era una excelente solución para aislarse y escucharse por dentro, pero siempre se me ha mostrado como una solución poco práctica. Y eso que estaba en Valencia, con su Mediterráneo, ya no les digo la que se puede armar si metemos un sumergible en el Manzanares.

Lo que casi siempre he encontrado en todas estas situaciones es que, como diría Gandhi, si quieres que algo cambie cambia tú primero. Y que nos solemos despistar buscando las causas y las soluciones fuera cuando nuestra primera solución está dentro. Y que el fútbol, finalmente, es cosa de los futbolistas, de los jugadores. Y que, en medio de tanto ruido, uno se olvida de su papel protagonista.

Para finalizar, me viene a la memoria una frase que solíamos utilizar en el Athletic Club cuando las cosas se nos ponían difíciles y que con permiso y respetando los derechos de autor de Ángel Gorostidi, médico del club en aquellos días, me permito dejársela a los jugadores blancos por si les resulta útil. Decía el gran Gorostidi, poniendo voz de héroe acorralado: "Mas no importa, dijo Dick Turpin, saldremos por la p... claraboya".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de diciembre de 2008