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Homenaje a Marcos Valcárcel, el "intelectual elegante"

320 representantes de la cultura celebraron al historiador orensano

El "bracero de la cultura", el "intelectual elegante", le dijeron. "El hombre tranquilo". El amigo de más de 300 gallegos que el sábado agradecieron a Marcos Valcárcel (Ourense, 1958) su aportación y saber estar en el mundo cultural, en donde, como en otras partes, "hay navajazos". 320 comensales, en su mayor parte procedentes del mundo cultural y de la izquierda y el nacionalismo gallego, abarrotaron un acto convertido en ejercicio de amistad, muchos de ellos tras sortear nevadas para acercarse a Valcárcel y comulgar con su galleguista orensanidad.

La misma que llevó al maestro de ceremonias, el profesor Alfonso Vázquez-Monxardín, a ubicar en el "barrio orensano del mar" al grupo vigués Caramuxo, un cuarteto de 6 que toca un folk que en realidad resulta ser una fusión de jazz y música popular. Nada era lo que parecía en la noche de amistad a Valcárcel.

Bieito Iglesias, Suso de Toro, Alonso Montero, Manuel Rivas, Kristina Berg (viuda de Carlos Casares), Xosé Luis Axeitos y Ramón Villares, desgranaron con emoción, a veces incontenida, los ragos de personalidad de un Valcárcel definido como próximo, sencillo, generoso, amigo, elegante y mejor investigador y articulista de prensa. El guardián de la cultura orensana, que "recibe a los escritores en las puertas de Auria para presentarlos en sociedad". La galleguidad del homenajeado suscitó en la cena los primeros reclamos para convertirlo en Cronista da República Galega das Letras. Una propuesta de Xesús Alonso Montero atribuida a un profesor de la Universitá de L?Aquila, Montelni, que los asistentes aplaudieron. Ahora demandan ya la urgente concesión de la Medalla de Ouro de Ourense para el historiador.

El Valcárcel oteriano, el experto en la Xeración Nós, escuchó atento y contenido las loas a su trabajo y talante y después se explayó con un discurso de agradecimiento que convirtió en un alegato a la felicidad. Frente a los elogios, y frente a la búsqueda compulsiva del éxito económico y social, Valcárcel propuso y antepuso seguir el camino que lleve a la felicidad. Sus palabras fueron una apología del bienestar emocional. Del deber cumplido con uno mismo y de la conciencia serena. De la entrega a los amigos y a los amores. Lo único que, según explicó, revierte siempre en uno mismo. Ayer él tuvo sobrada muestra de su misión cumplida.

Su libro, Historia de Ourense, presentado unas horas antes el Liceo (una aproximación a la Historia de la ciudad para no iniciados) fue el pretexto para reunir a cientos de amigos, incluidos cargos institucionales de la Xunta que quedaron diluidos entre el abarrotado pelotón de amistades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de diciembre de 2008