Crisis inmobiliaria

La crisis del ladrillo se traga a Habitat

La inmobiliaria catalana protagoniza el segundo mayor concurso de acreedores de España, tras Martinsa-Fadesa, con un pasivo de 2.300 millones

No salió bien. Bruno Figueras, presidente de la inmobiliaria catalana Habitat, la quinta promotora española, arrojó la toalla y solicitó ayer el concurso voluntario de acreedores, la antigua suspensión de pagos, en los juzgados de lo mercantil de Barcelona. Con una sociedad ahogada por una deuda de 2.300 millones de euros y unos fondos propios negativos de 704 millones, al empresario le ha sido imposible arrancar de la banca acreedora y de su socio Ferrovial un acuerdo para mantener a flote la compañía. Al final, al pez chico se le atragantó el grande. La empresa ha protagonizado la segunda mayor suspensión de pagos de la historia, detrás del concurso de Martinsa-Fadesa.

Habitat fue la última de las inmobiliarias que dieron la campanada en diciembre de 2006 con un ambicioso plan de crecimiento basado en la compra de la división inmobiliaria de Ferrovial. De golpe conseguía, sobre el papel, multiplicar por 5,5 veces su facturación. Unas adquisiciones a las que hasta entonces se habían atrevido Luis Portillo con Colonial, Enrique Bañuelos con Astroc y, mucho antes, Joaquín Rivero con Metrovacesa. Salvo la última, todas salieron mal.

Las entidades más afectadas son Caja Madrid, Santander, BBVA y La Caixa
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La sociedad catalana compró Ferrovial Inmobiliaria por 2.200 millones y asumió una deuda de 600 millones. Para ello tuvo que pedir un préstamo de 1.600 millones de euros a un sindicato de 39 entidades financieras liderado por La Caixa. A la vez, ató una ampliación de capital en septiembre de 2007 a la que acudió la familia Del Pino, accionista mayoritaria de Ferrovial, que se quedó con el 20% de las participaciones de la empresa. A ella también fueron Dolores Ortega (sobrina de Amancio Ortega), José Antonio Castro (Hesperia), Isak Andic (Mango) y las familias Cuatrecasas y Rodés, que en conjunto sumaban el 25,08% del capital. El resto permanecía en manos de las familias Figueras y Suñol.

Sólo cinco acreedores ya acaparaban más de la mitad de los 1.600 millones del préstamo sindicado en junio. Son La Caixa (232,3 millones, aunque ayer dijo que ahora son 199 millones), Caja Madrid (220), Santander (218), BBVA (200 millones), Banco Popular (160 millones) y Sabadell (119). También el Instituto Catalán de Finanzas (ICF), dependiente de la Generalitat, y el Instituto de Crédito Oficial prestaron unos 150 millones. Fuentes del Ejecutivo catalán matizaron que el préstamo del ICF se redujo a 78 millones, de los cuales había provisionado buena parte. El resto de la deuda, hasta llegar hasta los 2.300 millones, corresponde a créditos hipotecarios, pólizas y pagos a proveedores.

Ya en febrero Habitat se salvó in extremis de presentar concurso. El calendario le ayudó: justo antes de las elecciones generales, los Ejecutivos central y catalán intercedieron para convencer a la banca internacional, en especial a Deutsche Bank y Barclays, de que firmaran un acuerdo de refinanciación. Habitat lo logró, pero con un plan de viabilidad muy estricto y, según fuentes del mercado, casi imposible de cumplir en el actual contexto económico.

La empresa en junio acumulaba unas pérdidas de 650 millones de euros, que ahora ya alcanzan los 700 millones. Y a pesar de vender su filial Don Piso, se vio incapaz de afrontar los 35 millones de euros que debía pagar a los bancos en diciembre y los 65 millones de enero. Figueras volvió a pedir árnica, pero esta vez las entidades financieras no estaban por la labor. Tras Martinsa-Fadesa, sería otro golpe para su balance, puesto que la morosidad subiría. Pero la mayoría, añaden, ya habían realizado provisiones por ese préstamo. Además, después del verano, los activos de Habitat ya no valían los 3.000 millones de febrero. Su valor era de 1.800 millones. La empresa había vendido solares, pero los activos también se habían depreciado.

Aun así, Figueras ayer lamentó que "el concurso hubiera sido evitable si todas las partes hubiéramos hecho los movimientos adecuados". ¿Quién debía mover ficha? A mediados de octubre, Figueras renunció a incorporar a un socio financiero que inyectara capital, aunque para ello tuviera que renunciar al control de la empresa. La dirección de Habitat contactó, a través de la Banca Rothschild, con 122 grupos inversores. Con 28 de ellos firmó cartas de confidencialidad, pero sólo con dos llegó a tener conversaciones avanzadas. No pasó de ahí.

Descartada cualquier ampliación de capital en la junta de accionistas, Figueras planteó a la banca un plan b. Era octubre y la empresa había admitido ya su insolvencia, por lo que tenía dos meses (los que da la ley de plazo) para resolverla. Hasta Navidad. Figueras quería tapar el agujero de 704 millones convenciendo a algunas entidades para que convirtieran la deuda subordinada en préstamos participativos. Es decir, que convirtieran la deuda en capital. Para ello precisaba que aportaran 600 millones de euros. Fuentes financieras sostienen que el resto creía que podía aportarlo Ferrovial. Hasta el viernes, Figueras pensaba que aún podía salvar la compañía.

Esta semana los acreedores rechazaron la propuesta. Según fuentes cercanas a las negociaciones, la banca dijo que no pasaría de los 356 millones de euros y exigía, además, que Ferrovial y Figueras realizaran algún gesto. Al presidente de Habitat le pedían que aportara 12 millones de euros de su patrimonio personal, mientras que a Ferrovial le exigían quedarse con algún terreno. Nadie aceptó. "Yo tampoco quise, pero fue dentro de un contexto en el que nadie quería hacer nada", se excusó Figueras.

Cuando el martes se reunió el Consejo de Administración con el despacho de Uría Menéndez la vía ya estaba clara: el concurso de acreedores. Quedaba decidir cuándo. Fuentes financieras explican que Ferrovial no estaba interesado en un concurso inmediato, puesto que, bajo ciertas condiciones, el juez puede echar atrás cualquier operación que considere que perjudica a los acreedores. Y cabe el riesgo de que eso incluya la compra de Ferrovial Inmobiliaria.

La empresa tiene ahora 250 pisos por entregar. "Lo haremos, están garantizadas todas las cantidades y los compradores están en su derecho de echarse atrás, pero las acabaremos", dijo tajante Figueras. Fuentes cercanas a la empresa afirman que las entregas están casi aseguradas. "No será un Martinsa-Fadesa, que ha dejado promociones colgadas. Las constructoras de los pisos son Edifica, propiedad de Figueras y fuera del grupo que ha pedido la suspensión, y Ferrovial", aseguran.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 28 de noviembre de 2008.

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