Reportaje:

El abono joven, en barbecho

La promesa de subir la edad a 23 años aún no tiene fecha

La Consejería de Transportes lleva un año y medio resistiéndose a subir la edad del abono joven, pese a que fue una promesa electoral del PP en 2007. Hasta ahora este título, que cuesta entre 28 y 78 euros según la zona tarifaria y cubre metro, tren de cercanías y autobús, sólo beneficia a los menores de 21 años, pero la propuesta era incluir también a los de menos de 23 años.

En el debate de investidura de Esperanza Aguirre, en junio de 2007, la presidenta regional vio con buenos ojos la propuesta de la oposición (PSOE e IU) de elevar la edad hasta los 26 años. Todo quedó en eso.

El actual consejero, José Ignacio Echevarría, que en junio sustituyó a Manuel Lamela en el cargo, es partidario de cumplir la promesa, pero no le pone fecha. "Lo estoy estudiando", afirmó el viernes. "Es mucho dinero, es brutal". En realidad, la propia consejería estimaba en septiembre de 2007 que costaría 19,5 millones de euros y beneficiaría a unas 105.000 personas. Ampliar este abono hasta los 26 años supondría 25,5 millones al año y beneficiaría a 135.000 jóvenes más. Esta última cifra supone apenas el 1,3% del presupuesto de la Consejería de Transportes para 2009, que dispondrá de 1.881 millones de euros.

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La Comunidad de Madrid había previsto ponerlo en marcha en 2008 incluyendo el coste en los Presupuestos Generales de la región. No lo hizo entonces y tampoco ahora. Esa previsión no está incluida en las cuentas del año que viene.

Aún queda tiempo para cumplir esta promesa electoral -el mandato dura hasta 2011-, pero existe el peligro de que termine como otra de las grandes promesas de Aguirre para el metro: la apertura de los fines de semana por la noche. Pese a que el PP lo llevaba en su programa de 2003, nunca pudo cumplirse por falta de financiación. La que hacía falta para poner en marcha un servicio de seguridad suficiente y para pagar los sueldos de los empleados que debían hacerse cargo del metro las noches de viernes y sábado. El dinero frenó aquella promesa y puede dar al traste con la que afecta al bolsillo más joven.

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