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CARTAS AL DIRECTOR

Palestinos

Tengo un amigo extranjero, excelente persona, muy trabajador, que se encuentra en la tesitura de que su padre le pide que vaya a visitarle, después de unos años sin verse, y él tiene miedo. No a su padre, sino al destino. Mi amigo es árabe, de los territorios palestinos ocupados por Israel.

Gracias a una beca española, hace unos años vino a estudiar a nuestro país, donde completó su formación y ahora tiene un buen empleo (con un mal sueldo, como tanta gente), está casado (con una extranjera) y en su mente está quedarse a vivir en España. Pero su familia quiere que vaya a verlos, y él también desea ir, pero el problema es que sólo tiene pasaporte palestino y tarjeta de residencia española, lo cual le deja a merced de la arbitrariedad de Israel.

Porque mi amigo es joven y es ingeniero, y por tanto puede ser sospechoso de terrorismo. Entrar en los territorios palestinos ocupados supone que Israel le pueda detener sin alegar causa por un tiempo indefinido, lo suficiente como para perder el empleo en España, arruinar su vida y la de su mujer, que en España no tiene trabajo. Ante la indiferencia culpable del mundo, la vida de los palestinos en los territorios ocupados no vale nada. Israel se ocupa de recordárselo cada día, a cada momento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de noviembre de 2008