Marion Jones anuncia que no volverá a las pistas

Agencias

"No volveré a correr más. Me he retirado del deporte. Lo he hecho con cierta tristeza porque amo competir". La voz y la imagen de Marion Jones, de 33 años, llegaron ayer a los telespectadores de Estados Unidos por primera vez desde que la atleta norteamericana abandonó la prisión en la que cumplió una condena de seis meses por mentir a los agentes federales que le preguntaron si había tomado THG, el anabolizante de diseño comercializado por los laboratorios Balco.

Habló Jones, llorosa, en el programa de Oprah Winfrey y lo hizo, aparte de para anunciar su retirada definitiva de las pistas, para reivindicar su talento y disculpar sus errores. "De vez en cuando, vuelvo a revivir en mi mente las competiciones de Sidney [Juegos Olímpicos de 2000, en los que ganó cinco medallas que tuvo que devolver cuando finalmente confesó que había mentido y que sí que se había dopado con THG] y me pregunto si habría ganado limpia", dijo; "y normalmente me respondo que sí. Aún pienso que habría ganado. Pero siempre habrá un interrogante al lado de esas actuaciones".

El "segundo viento"

Jones, que no pudo evitar las lágrimas cuando leyó extractos de una carta que había escrito en la celda a sus hijos, de uno y seis años -"este lugar en el que vuestra mamá tiene que vivir seis meses se llama prisión"-, explicó que había mentido "porque no se amaba a sí misma lo suficiente para decir la verdad". "Y lamento no haberme tomado cinco minutos para pensar la respuesta o hablar con mis abogados", dijo; "sabía que había tomado esa sustancia, pero no sabía que fuera ilegal y decidí mentir, taparlo todo".

"Había momentos, después de tomar el producto, en que sentía que disponía de más energía en la pista. Sentía el famoso segundo viento. Me sentía francamente bien", explicó Jones, quien tuvo su primer hijo con el ex plusmarquista mundial de los 100 metros Tim Montgomery, en prisión por tráfico de heroína y falsificación de cheques, y el segundo con su actual pareja, el ex velocista Obadele Thompson, de Barbados. "Pero todo lo achacaba al entrenamiento", continuó; "a los suplementos que tomaba, a las sensaciones de un año olímpico, a mi talento. Nada era esencialmente diferente. Me sentía fuerte, me sentía poderosa, como siempre me he sentido. Desde pequeña, he sido consciente de que poseía algo que nadie más tenía".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 29 de octubre de 2008.

Lo más visto en...

Top 50