Análisis:El 29º aniversario de la aprobación del EstatutoAnálisis
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La carga simbólica de las fechas

El 25 de octubre tiene una tremenda carga simbólica en el País Vasco. Los días, las fechas, pueden adquirir esa capacidad semántica. Las fechas son alegóricas y nos remiten a todo un universo semántico. No siempre al mismo, claro está.

Ibarretxe anunció en 2007 que convocaría un referéndum sobre el derecho a decidir de los vascos para el 25 de octubre de 2008. Hoy, descartada la consulta, descartado el recurso ante Estrasburgo, descartado un gesto masivo para el día, el tripartito y Aralar celebrarán un acto conjunto bajo el lema "Hitza hitz" (curiosa forma de conmemorar, ¡por primera vez!, el día en que se refrendó el Estatuto de Gernika: "La palabra es la palabra"). ¿Por qué todo esto precisamente ese día?

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Hay quien en la convocatoria ese día de la consulta vio la definitiva voluntad de superar con ello el 25 de octubre de 1979, fecha de la aprobación del Estatuto vigente. Un clavo saca otro clavo, debieron decirse, y el amor por el nuevo Estatuto reemplazaría al viejo. Claro que no debían saber que, según dijo el escritor Cesare Pavese dos días antes de suicidarse, cuatro clavos hacen una cruz. Por lo demás, el símbolo era de doble dirección: mostraba hasta qué punto ese día, 25 de octubre, y el Estatuto de Gernika tenían presencia en el imaginario de la gente.

Pero para un nacionalista, la fecha tiene otras referencias y connotaciones, tal vez más poderosas. Empeñado en diferenciarse de los euskalerríacos que sostenían que las Provincias habían perdido sus fueros con la ley de Cánovas del 21 de julio de 1876, Sabino Arana pasaría a sostener que éstos y la "soberanía originaria" se habían perdido con la aprobación de la Ley del 25 de octubre de 1839.

El Maestro moría en 1901 dejando a la comunidad nacionalista escindida entre quienes aspiraban a tomar parte en la vida política de la Restauración y los que preferían formulaciones más radicales. Fue a finales de 1906 cuando una Asamblea del PNV aprobó un programa en aras de la unidad, cuya aspiración máxima era la abolición de la Ley del 25 de octubre de 1839 como forma de lograr la "plena reintegración foral". De este modo, el 25 de octubre entraba en el imaginario nacionalista como esa fecha fatídica en que fueron abolidos los fueros y Euzkadi perdió su "soberanía originaria". Lo cierto es que, en una mala jugada de derecho, pero simbólicamente operativa, la Constitución de 1978, a propuesta del PNV, derogaba ambas leyes, tanto la de 1839 como la de 1876. Julio nunca fue recordado (salvo como fecha de golpes de Estado y paga extraordinaria). El 25 de octubre (de 1839), sin embargo, quedó en la memoria del nacionalismo.

Ibarretxe y el tripartito debieron tenerlo en cuenta cuando eligieron el 25 de octubre como fecha para la llamada consulta. De oca a oca. Un 25 de octubre, Euskal Herria perdía su "soberanía originaria"; otro 25 recuperaría su "derecho a decidir".

Decía que una mala jugada de derecho, pues un vasco informado -no un nacionalista con su mundo legendario- sabe que la Ley del 25 de octubre de 1839 no fue una ley derogatoria. En realidad, en su artículo primero decía: "Se confirman los Fueros de las provincias Vascongadas y de Navarra sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía". La "unidad constitucional" nada tenía que ver con principios territoriales. Era la expresión liberal de la igualdad de derechos en la nación. Todos debían contribuir a su sostenimiento en la hacienda y en la guerra. Por lo demás, nada se prejuzgaba sobre sus instituciones: las Juntas y las Diputaciones. La idea de compaginar Constitución y Fueros procedía de la fase final de la primera guerra carlista, y quedaría expresada de este modo en el Convenio de Bergara: "El capitán general, don Baldomero Espartero, recomendará con interés al Gobierno las Cortes la concesión o modificación de los fueros". Formulaciones ambiguas sobre las que hábiles fueristas tejieron un tupido y poderoso entramado foral durante el siglo XIX (que se traspasaría al XX).

El 25 de octubre es una fecha de hondas y encontradas significaciones para los vascos. Tal vez pudiera ser una buena fecha para ser su día; mejor que un día cualquiera de Pascua, que ni los irlandeses de San Patricio respetan.

Javier Ugarte es profesor de Historia Contemporánea de la UPV-EHU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0018, 18 de octubre de 2008.