Tribuna:Economía global | coyuntura nacional
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Buenas noticias para los consumidores

Tal como habían augurado los modelos, la inflación descendió en septiembre otras cuatro décimas (ya son ocho en dos meses), situándose en el 4,5%. Los productos responsables de esta reducción son los mismos que hace un año por estas fechas empezaron a darnos disgustos, a robarnos poder adquisitivo y a provocar el deterioro de la confianza: los alimentos y la energía .

Si se excluyen estos dos componentes del IPC, el resto -formado por los bienes industriales no energéticos y por los servicios, y que podríamos denominar la inflación nuclear- (no confundir con la subyacente, que en España se obtiene excluyendo la energía y los alimentos, pero sólo los no elaborados) ha mantenido hasta abril pasado una tendencia ligeramente descendente. Es ahora, cuando la inflación total desciende, cuando esa inflación nuclear -que ahora representa mejor que la subyacente la verdadera tendencia a medio plazo de la inflación- tiende a acelerarse ligeramente, pasando del 2% en abril al 2,6% en septiembre. La explicación es sencilla: el que puede intenta repercutir en los precios finales de sus productos el encarecimiento de los consumos intermedios (el más importante, la energía) y de los costes laborales. Son los efectos indirectos y de segunda ronda que tanto preocupan al BCE. Pero las condiciones de la demanda no son las mejores y esa traslación está siendo moderada, lo que significa que los márgenes de productores y distribuidores se están reduciendo (ya era hora, dirán algunos).

Si el petróleo se mantiene en 75 dólares, la inflación puede caer hasta el 1,3% en julio de 2009
El ahorro en la factura energética permitirá reducir los desequilibrios y salir antes de la crisis

El hecho de que la moderación de los precios de los alimentos y la energía haya reducido la inflación no resuelve, sin embargo, uno de los problemas más persistentes de nuestra economía: el diferencial con los competidores, concretamente con la zona del euro. Como se ve en el gráfico inferior izquierdo, este diferencial aumenta y disminuye coyunturalmente en función de que suban o bajen los precios del petróleo (la razón es la menor carga fiscal que soportan en España los hidrocarburos), pero tendencialmente se mantiene en torno a un punto porcentual. Mayor aún es el diferencial del deflactor del PIB o de los costes laborales. Esto, combinado con un diferencial negativo en productividad, es un tumor no tan llamativo como la quiebra de algún banco o el desplome de las bolsas, pero que nos resta capacidad de crecimiento y de atracción de inversión internacional. ¿Cómo pensamos salir de esta recesión? ¿Construyendo de nuevo más viviendas de las que necesitamos?

Lo bueno de la inflación no es sólo que se haya reducido en los dos últimos meses, sino que puede reducirse mucho más en los diez próximos [gráfico inferior derecho]. Algo previsible desde hace meses, pero acentuado por la brusca caída del precio del petróleo. Si se mantuviera en torno a 75 dólares el barril hasta diciembre de 2009 y el euro se depreciara moderadamente con el dólar, las últimas previsiones apuntan a una senda bajista de la inflación total hasta el 1,3% (sí, no es una errata) en julio de 2009, pasando por un 3,6% en el mes en curso y un 2,7% en diciembre próximo. Las medias anuales se situarían en el 4,2% en 2008 y 2,2% en 2009. Pero lo más probable es que el petróleo no se estabilice en 75 dólares, sino que siga bajando. Si cayera hasta 60 dólares en diciembre de 2009, la inflación media anual bajaría al 1,6% ese año. Quitémosles a estas cifras cinco o seis décimas y tendremos la inflación prevista para la zona del euro en 2009. Con esta inflación y las economías europeas en recesión, el BCE podría bajar los tipos hasta el 2%. Y si las medidas de salvamento del sistema financiero empiezan a dar frutos, el Euríbor a un año podría estar en el 2,5% en la primavera próxima.

Es más, el ahorro que supone pagar el petróleo a 75 dólares en vez de a 150, aunque parcialmente reducido por la depreciación del euro frente al dólar, puede alcanzar casi un punto porcentual del PIB en 2008 y otros dos puntos en 2009. Esto permitirá ajustar los desequilibrios (necesidad de financiación y deuda de los hogares y empresas) mucho más rápido de lo que cabía prever, lo que adelantará la salida de la crisis. No cabe pensar que ésta se produzca antes de un año, pero al menos se ve la luz al final del túnel.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

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