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Reportaje:Entre el dictador y la corista

Un famoso a la caza de famosos

La burguesía retratada por Gyenes junto a las faranduleras de Foto Ramblas comparten exposición

El terciopelo a las lentejuelas es lo que un dictador a una corista: una mezcla arriesgada. La exposición Gyenes, Madrid. Foto Ramblas, Barcelona se salta los preceptos estéticos intencionadamente para contraponer los retratos de la burguesía madrileña, con el mundo de la farándula del Barrio Chino barcelonés. Y lo hace de manos de dos estudios fotográficos que nacieron en la década de los cincuenta y pervivieron hasta finales de los noventa. Por la parte madrileña, Juan Gyenes (1912-1995), el fotógrafo húngaro reconocido como el retratista de la clase pudiente de la capital de España; por la catalana, el estudio Foto Ramblas (1956-1999), al que acudían, como fogonazo de salida al estrellato, vedettes, boxeadores, coristas, e incluso grupos de boys, además de soldados y familias de la ciudad. Se trata de 225 instantáneas en blanco y negro, color y coloreadas, expuestas en el antiguo depósito del Canal de Isabel II (Santa Engracia, 125), convertido en una sala de exposiciones. En la primera y segunda planta, los primeros planos de las personalidades de las letras, el arte, la música, la literatura y la empresa, incluso de la realeza o de la política, como el dictador Francisco Franco, ataviado con un paño de terciopelo al cuello, sobre un fondo negro tenebroso. El gallinero (tercera y cuarta) acoge las fotografías de las bellas de variedades, repletas de lentejuelas, y las bestias, con los puños en alto, todos sobre un fondo amarillo.

Un día lo hizo. Cambió una noche de juerga en Cannes por un taxi dirección a la cercana Villauris. "Sus amigos se rieron, y le llamaron loco. Picasso jamás le recibiría", cuenta la hija de Juan Gyenes (1912, Kaposvar-1995, Madrid). Hasta el taxista se mofó de su aventura. Pero 20 minutos después de esperar en la casa de Picasso, apareció el pintor malagueño. "¿Quién es usted?", le dijo. "Un fotógrafo español. He venido desde Madrid para verle", le respondió Gyenes, mientras le ofrecía uno de sus libros de retratos. Y el genio le abrió las puertas: "Entre, vamos a hablar". Irenka Gyenes lo narraba con amor, incapaz de reconocer un defecto en su padre, quien tenía como máxima: "Si no te ven, te olvidan".

Uno de los retratos que hizo a Franco sirvió después para los sellos

Fruto de ese primer encuentro, el fotógrafo retrató al pintor malagueño en multitud de ocasiones. Instantes siempre fugaces, perfiles de Picasso casi efímeros. Todo lo contrario que Dalí, otro de los pintores fetiches con los que Gyenes trabó amistad. "Era más engreído, más endiosado", observa Irenka. En la única instantánea de Dalí que recoge la exposición Gyenes, Madrid. Fotos Rambla, Barcelona, el pintor gerundense posa sentado en el suelo, con su bigote ensortijado, retando a la cámara. Encima, como una enorme mancha roja, la firma del propio Dalí. Los retratos de Gyenes han ocupado 2.000 portadas de publicaciones, entre ellas Times, Semana o el periódico Abc.

El fotógrafo Gyenes, de origen húngaro, llegó a Madrid en los años cuarenta, invitado por el cónsul de Egipto, donde trabajó como fotoperiodista del New York Times. Encandilado por la vida en la Península, ya nunca se fue. Empezó trabajando en el estudio Campúa, reconocido por su apego a la derecha, en 1941. Siete años después montó su propio laboratorio, y empezó el camino a la celebridad. Y con la celebridad, su fama de adepto al régimen. "Le llamaban del Pardo. ¿Qué iba a hacer? ¿No ir?", le excusa su hija. Gyenes retrató en muchas ocasiones a Franco y su familia. Las tres cármenes (Carmen Polo, Carmen Franco y Carmen Martínez Bordiú) posaron para el artista con motivo del nacimiento de la última, en 1951. La fotografía fue portada de Paris Match. Una de las imágenes que tomó al dictador en 1958 se reprodujo posteriormente en los sellos.

Pero no sólo de famosos o realeza vivía el fotógrafo. "Me planté en el estudio sin avisar. Me acababa de casar en la Embajada alemana. Iba de blanco, pero de corto... Nada convencional". La novia era Isabel Hoppichler, una madrileña de 22 años. "Entonces no pensaba que para estas cosas tenía que pedir hora", se ríe, casi 40 años después. Gyenes era el fotógrafo del momento, al que acudía la clase pudiente madrileña, deslumbrada por sus retratos, que exponía en la calle de Gran Vía. Un regalo caro (unas 5.000 pesetas) para las niñas bien que rondaban la mayoría de edad. A Hoppichler no le cobró porque era amiga de la familia.

Gyenes se caracterizaba por perseguir con obcecación la belleza, "sacar a los hombres como son y a las mujeres como quieren ser", resumía él. Rehuía del exceso de maquillaje, pero amaba los posados artificiosos, que hacía en su estudio en la calle de Isabel la Católica. También se desplazaba para los reportajes fotográficos. "Si una novia se casaba en el lago de Covadonga, también iba", asegura su hija. El propio Gyenes decía que trabajaba 25 horas al día.

En sus retratos hay otro elemento común: su firma. Con una letra redonda, y clara, Gyenes escribía su apellido, y después lo subrayaba. Un detalle que Irenka quiso que constara también en la tumba del artista. Al contarlo, se emociona: "Parece que fuera una fotografía que él mismo hubiera firmado".

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de septiembre de 2008