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Necrológica:

Peer Wyboris, perfecto batería de jazz

Fue acompañante durante muchos años de Tete Montoliu

Uno se acostumbraba fácilmente a su presencia en la penumbra del escenario, al fondo, a la derecha. Será porque Peer Wyboris, que murió el 22 de agosto en Barcelona por un infarto cerebral, siempre estaba ahí, la imagen del perfecto batería de jazz, imperturbable, discreto, swingeante. Y es que, aunque nacido en Alemania, era más nuestro que de ningún otro lugar.

Ha sido medio siglo residiendo en nuestro país: Madrid, primero, Barcelona, después. Con Franco y sin él; acompañando a nuestra mayor gloria jazzística, Tete Montoliu, y a los muchos que llegaban de allende los mares buscando un apoyo rítmico eficaz y solvente. Peer llevaba un tiempo retirado de los escenarios. Al morir tenía 71 años.

Durante décadas, la casa de Peer Wyboris fue el Whisky & Jazz de la calle del Marqués de Villamagna, en Madrid. Peer se convirtió en el batería de cabecera de Montoliu para sus actuaciones domésticas.

Junto a él, tuvo al suizo Eric Peter tocando el contrabajo, hasta que Horacio Fumero ocupó su lugar: "Desde que empezamos a funcionar como sección rítmica pasábamos más tiempo juntos que en nuestras respectivas casas", recuerda Fumero; "en tantas horas viajando en incontables medios de transporte me encontré con una persona muy tierna, con una infancia en Berlín marcada por los bombardeos, su primera batería hecha con cajas de sombreros, un encuentro decisivo de juventud con Philly Joe Jones, su viaje a Marruecos en los sesenta cruzando una España con mulos en las carreteras, el encuentro definitivo con el también desaparecido Eric Peter...".

Horacio acababa de conocer la muerte de quien fue su compañero de ruta durante décadas: "Tengo la sensación un poco rara de ser un superviviente, como si toda una época hubiera muerto con Peer".

Años atrás, el jazzista argentino hacía su entrada en el mundo del jazz por la puerta grande de la mano de Wyboris: "Peer era un enamorado no sólo del jazz, sino también de todo lo que envuelve a esa música, había hecho suya la forma de pensar de los jazzmen americanos, con los que convivió en las bases estadounidenses de Europa, África y el Medio Oriente".

En ningún caso, el maestro se lo puso fácil a su discípulo: "Peer era una persona muy especial, alguien con quien no era fácil conectar enseguida, sobre todo en aquellos años, con sus eternas ray-ban en la oscuridad de los clubes, no te invitaba especialmente a acercarte".

Para Horacio, como para tantos de nosotros, el alemán era la quintaesencia de una cierta forma de entender el jazz en trance de extinción: "El Tete, con su particular forma de hablar, decía: 'Muchos tocan bien la batería, pero... una hostia del Peer... eso sí que es jazz".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2008