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Reportaje:

"Es lo más grande que podía pasarme"

Rafa Nadal se convierte en el ganador más joven del Príncipe de Asturias de los Deportes

Rafael Nadal, cuatro veces campeón de Roland Garros y una de Wimbledon, tiene 22 años, ocupa el número uno del mundo, y desde ayer es el deportista más joven que nunca ha ganado el premio Príncipe de Asturias de los Deportes. El español, que la pasada madrugada disputaba su partido de cuartos del Abierto de Estados Unidos contra Mardy Fish, lo celebró con Central Park a sus espaldas y decenas de curiosos observándole en la fastuosa recepción de su hotel neoyorquino.

Dieciocho de los 24 miembros del jurado le dieron su voto por delante de Phelps

"Siempre he sido una persona correcta. Mi objetivo es seguir siendo así"

Fue un homenaje del campeón a su familia. "Esto representa una gran satisfacción y un honor", dijo Nadal ante un sofá de diseño. "Es lo más grande que me puede pasar fuera de las pistas. Recibir un premio así, que no sólo representa los valores deportivos, sino también los valores humanos, extradeportivos, me enorgullece. Eso quiere decir que estoy haciendo las cosas bien. Me hace más ilusión de lo habitual... Me lo dan no sólo por mi trabajo, sino por el de todo mi entorno. No soy yo sólo quien lo ha conseguido. En gran parte ha sido gracias a mi familia y a todos los que me han rodeado".

Nadal, un tenista en la cima del año más espectacular del deporte español, obtuvo el premio por delante del estadounidense Michael Phelps, y tras lograr el voto de 18 de los 24 miembros del jurado. El razonamiento del tribunal fue sencillo. Nadal, según el acta de la votación, destaca por sus triunfos, que este año le han llevado a conquistar Roland Garros, Wimbledon y el oro olímpico, pero también por ser "un deportista ejemplarizante" en la victoria y la derrota.

La diferencia horaria entre España y Estados Unidos provocó una noche de nervios. Las seis horas de adelanto en la Península descubrieron a Nadal acostándose cuando sabía que el galardón era "prácticamente seguro", pero sin confirmación alguna. A su tío y entrenador, Toni Nadal, le levantaron de la cama con la noticia a las cuatro de la madrugada. Y al galardonado, que es de lento despertar, se lo transmitió mucho más tarde su agente. No fue una labor sencilla.

Manolo Santana, mito del tenis español, terminó de desayunar vestido como un pincel, y llamó al campeón sin conseguir localizarle. "Es una maravilla que se lo hayan dado a Rafa", se felicitó muchas horas antes de marcharse en coche con el mallorquín hasta el club de tenis. Luego hizo lo mismo Juan Antonio Samaranch, presidente de honor del Comité Olímpico Internacional, que sí consiguió hablar con Nadal. Son de generaciones absolutamente distintas, pero los dos empiezan a estar unidos por una estrecha relación. Es bien conocido que el dirigente no le entrega medallas a cualquiera. Y, sin embargo, ahí estuvo en Pekín, dándole el primer oro del tenis español al mallorquín. Por su parte, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, le envió un telegrama en el que destacó su "perseverancia, sacrificio y capacidad de superación". En resumen: "Fue un despertarme más agradable de lo habitual".

"Recibir un premio así en un año tan especial para el deporte español es especial para mí", dijo Nadal, que empleó parte de la mañana a leer la prensa por Internet. "Ser parte de un año así es una satisfacción enorme. A veces nos olvidamos de lo difícil que es conseguir triunfos deportivos y creo que el deporte español ha conseguido ser una potencia mundial", prosiguió. "Siempre he sido una persona correcta. Mi objetivo es seguir siendo así. Valoro mucho este premio, pero hay que estar preparados para momentos peores, que seguro que van a venir".

Ese afán de superación, reflejado en el premio, ha hecho de Nadal un icono. No hay nada que pase hoy en el deporte español ni en el tenis mundial sin que el mallorquín ocupe un lugar central. Desde que llegó a Estados Unidos ha recibido solicitudes para más de 250 entrevistas. Los programas de televisión más prestigiosos del planeta, incluido el mítico Late Show de David Letterman, han querido contar con él. Y su entorno recibe llamadas sospechosas de jefes de seguridad y representantes de los organismos del tenis para saber cuáles son sus horarios. Son paparazzis disfrazados. Son las cosas que ya habían cambiado antes del premio. Otras permanecen inalterables. Su gente de confianza no quiere que su carpeta de patrocinios supere las cinco marcas, "para que siga teniendo tiempo libre". Sus contratos no han sido alterados -a más, se sobreentiende- desde que llegó al trono del tenis mundial, "porque ya se negociaron presentándole como el número uno". Y lo único que se está puliendo, el mercado anglosajón obliga, es su dominio del inglés. No es que Nadal estudie idiomas. Analiza con su agente y su jefe de prensa los errores cometidos, por ejemplo, tras sus ruedas de prensa. No necesitará hacerlo en octubre, cuando reciba el premio. El discurso será en español y en el Teatro Campoamor de Oviedo. Llegará Nadal vestido de etiqueta. Le recibirán los Príncipes de Asturias. Y el mallorquín celebrará su éxito más grande.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de septiembre de 2008