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Fórmula 1 en Valencia

Las lógicas de la fórmula

Domingo 24 de agosto. Son las 10.30 y España acaba de poner en apuros a EE UU en la final de baloncesto. Faltan menos de tres horas para que los bólidos de la F-1 atruenen en nuestro nuevo y espectacular circuito. ¡Premio! ¡Prueba superada! Hemos pasado de la Fórmula 1 de la vela (como llamaban a la Copa del América) a la Fórmula 1 de la buena. De evento en evento y tiro porque me toca. Valencia: tenemos la fórmula, Valencia es nuestra meta... Buenos eslóganes. Nuestros gobernantes, más contentos que unas pascuas y la sociedad, la gente, satisfecha de tanto espectáculo. A los primeros, las urnas les van de perlas y a los segundos, esta cultura de consumo masivo les produce sensación de bienestar y seguridad y les evita la molestia de pensar.

A fuer de justos y sinceros, el mérito, el copyright, es de Rita Barberá. El acreditado tahúr Eduardo Zaplana puede reclamar el ex-aequo, pues no en balde tuvo a bien embarcarnos en Terra Mítica y apostar por la grandeur de Calatrava. Camps, concejal en la segunda legislatura de Rita es, sin duda, un alumno aventajado que ha transmutado la levitación en cesarismo. Pero Rita es mucha Rita y es, en definitiva, la que ha inventado el código: un acendrado populismo y un manejo magistral de la hipérbole, la realidad virtual y la explotación de los complejos de inferioridad reconvertidos a orgullo y ambición, siguiendo los pasos de Ortega y Gasset y Golda Meier. No se inmuta ni pestañea cuando falsea la realidad. La chanza de Rita sobre "las tres tristes torres socialistas" del Botànic cuando fue el ínclito y desaparecido Ramón Izquierdo el que concedió licencias de mucha mayor volumetría de la que al final se mantuvo en el PGOU de 1988 es sólo uno entre los mil ejemplos de tergiversación y falsedad, aunque en esta faceta cínica Rafael Blasco le haga la competencia. Además, tiene una pasmosa habilidad para estar siempre reinventándose "nuevos retos". Le costó lo suyo conseguir que por fin la ciudad de Valencia "apareciera en el mapa" con la Copa del América pero, a partir de ahí, lección aprendida. Íbamos a ser la vanguardia europea con el Greenspace de Heineken y se acaban de cargar la nave pero, no pasa nada y si pasa se le saluda... Además como es la copiloto de Camps, ejercerá el abrazo del oso y capitalizará el éxito, por mucho que lo intente impedir su pareja de duunvirato.

Y no se preocupen. El éxito está asegurado. Seguro que es un completo triunfo, que somos la envidia del mundo mundial, que hemos transpirado glamour por los cuatro costados. Da lo mismo que pinchen o no en asistencia, que los hoteles y la restauración hagan mejor o peor su agosto, que las quejas hayan colapsado los teléfonos, que tapar con lonas de propaganda las vergüenzas urbanas fruto de la desidia (como las naves de la Cross o la trasera de Juan Verdaguer) sea de dudoso gusto, que nunca sepamos las cifras reales (como en el viaje del Papa). Da todo lo mismo. Además, siempre habrá quien nos intente convencer de que la "tasa de retorno social" es claramente positiva.

El mensaje de Rita & Cía. ha calado hondo. Chapeau. Los críticos/agoreros/aguafiestas/antipatriotas, tenemos, como mínimo, dos problemas. El primero es que, obviamente, no hemos sido capaces de transmitir otra visión. El segundo, que hemos estado confundiendo las lógicas y pensando que la nuestra era la buena, la racional. Esa lógica que se preocupa por si hay otros caminos más eficaces y duraderos de "estar en el mapa y salir por la tele"; del exceso de costes (supuestamente recuperables) y la locura del crecimiento de la deuda; de la necesidad de definir con coherencia el frente marítimo y el modelo turístico de la ciudad; de las repercusiones medioambientales; del futuro uso de circuito y de la arquitectura efímera heredada de la Copa del América, de los limitados efectos de arrastre -flor de un día- de los eventos; del uso racional de tanto contenedor cultural; de la necesidad de disminuir el dualismo e invertir más en el Estado de bienestar para que no devenga en Estado del malestar...

Esa lógica no es la lógica de los que mandan. La suya es una lógica básicamente política, entendiendo la política como el arte de mantenerse en el poder, acompañado de la práctica habitual y consuetudinaria de que el fin justifica los medios. Ni tan siquiera pesa demasiado el balance beneficios privados/fondos públicos ("Mientras haya tontos que den, cuerpo no lo pases mal" como decía la abuela de un buen amigo) y, mucho menos, las ligeras molestias del vecindario.

Sea fruto de una estrategia pensada o, como defiende mi amigo Pau Rausell, el resultado casual de un cúmulo de decisiones no necesariamente planificadas ex ante, el éxito de la lógica dominante es inapelable. No se trata de que "tenemos la fórmula..., pero hay que mejorarla", como apunta Pedro Muelas. "Tenemos la fórmula...", i prou.

La vida es un deporte muy duro, y reconocer la existencia de dos lógicas, una de ellas ejerciendo un dominio aplastante, no es precisamente un hueso fácil de roer ni una perita en dulce. Pero es lo que hay. Cosa bien distinta es si aquellos que defendemos la otra lógica tenemos o no que entregarnos al enemigo con armas y bagajes asumiendo aquello de "vencido y derrotado el Ejército enemigo..." No necesariamente. No hay mal que cien años dure ni imperio que se libre de la decadencia. La historia es una gran maestra. Lo que produce una honda preocupación es la insistencia del principal partido de la oposición en ser "como la sociedad valenciana" (además de la horterada inútil y vergonzante de cambiar el PSPV por el PSCV). Se suponía que los partidos de izquierda deberían de ir "dos pasos por delante" y trabajar por convencer a la población de que existe mejor alternativa. En caso contrario: disuélvanse.

A pesar de nuestra fundada escasa devoción por el ínclito monseñor Gasco, finalizaremos estas peculiares tribulaciones de un chino en China, recurriendo al refranero religioso: "A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga" o, si lo prefieren, "si tiene barba, San Antón y, si no, la Purísima Concepción". Buenas noches y buena suerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de agosto de 2008