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Reportaje:La carrera hacia la casa Blanca

Un luchador contra la adversidad

Biden sufrió la muerte de una hija y de su esposa en un accidente

En 1972, Joe Biden cumplió un sueño. Fue capaz de ganar el escaño del Senado por Delaware, enfrentándose al veterano político James Caleb Boggs, que llevaba 12 años en el puesto. Tenía 30 años, la edad mínima para poder ser senador, y le esperaba una prometedora carrera en Washington. La celebración fue muy breve. El 18 de diciembre su mujer, Neilia, y su hija, Naomi, murieron al estrellarse su coche contra un camión. Sus otros dos hijos, Hunter y Beau, también viajaban en el vehículo y quedaron heridos de gravedad. La adversidad ha forjado el fuerte carácter de un hombre de origen humilde que ha vivido una de las carreras más intensas de la política norteamericana.

Nacido en 1942, en la pequeña localidad de Scranton, en el Estado de Pensilvania, Biden pertenece a una humilde familia de orígenes irlandeses y fe católica. Cuando el pequeño Joe tenía sólo diez años, su padre, vendedor de coches de profesión, se mudó con su familia a la localidad de Claymont, en el Estado de Delaware. Desde pequeño, Biden aprendió unos valores familiares tradicionales que ha llevado a gala en toda su carrera política. En 1969 se graduó en Derecho, una profesión que sólo ejerció durante tres años, antes de dedicarse de lleno a la política.

Experto en política exterior, apoyó las invasiones de Irak y Afganistán

Estudió derecho, ejerció sólo tres años e intentó dos veces ser presidente

Cuando su mujer falleció, Biden decidió seguir ejerciendo de senador sin mudarse a Washington. Cuidaba de sus dos hijos personalmente mientras viajaba en tren desde Delaware a la capital de Estados Unidos, empleando tres horas diarias en el desplazamiento. Desde entonces ha mantenido intacta esta costumbre. Se casó de nuevo en 1977, con su actual mujer, Tracy.

Además de ser un hombre de familia, Biden es un político ambicioso. Quiso ser presidente dos veces. La primera, en 1987. Entonces, un turbio asunto de plagios y citas textuales acabó con sus aspiraciones. En un debate en Iowa utilizó parte de un discurso del entonces líder laborista del Reino Unido, Neil Kinnock. "¿Por qué es ese tal Joe Biden el primero en su familia en estudiar en una universidad?", se preguntaba el candidato demócrata. "Porque sus padres no tenían una plataforma sobre la que sostenerse", respondía. Biden no atribuyó las frases a quien en realidad las había escrito. Su principal competidor, el gobernador de Massachusets Michael Dukakis, utilizó el plagio para hundir su candidatura.

Meses después, justo antes de las primarias de New Hampshire, Biden sufrió dos aneurismas, uno de los cuales le provocó una hemorragia cerebral. Los médicos le dieron un 30% de posibilidades de sobrevivir. El senador las aprovechó todas y se recuperó totalmente en siete meses.

Veintiún años después volvió a presentar su candidatura. En la primera cita electoral, en los caucuses de Iowa, quedó quinto, con un 4% del voto y sin ningún delegado. La victoria fue para Barack Obama, a quien Biden apoyaría públicamente el pasado 22 de junio. Precisamente fue Biden el primer candidato que hizo de la raza del senador por Chicago un asunto de campaña. En una entrevista al semanario The New York Observer publicada en febrero de 2007, dijo: "Por primera vez tenemos a un afroamericano que es articulado, brillante, limpio y elegante. Es de libro de historia".

En la recta final de la carrera electoral, Biden se ha convertido en el principal apoyo de Obama para derrotar a McCain. Si el senador republicano reclama para sí mismo una experiencia con la que no cuenta su contrincante, no puede utilizar el mismo argumento contra Biden, quien lleva sirviendo en el Senado desde 1973, 14 años más que McCain. Entre 1987 y 1995, Biden presidió el Comité de Asuntos Judiciales. Allí se forjó una sólida fama de experto en crimen organizado, tráfico de drogas y defensa de los derechos civiles. De su puño y letra salió la que de hecho se conoce como Ley Biden contra el Crimen. Con esta norma, aprobada en 1994, el senador añadió 60 nuevos crímenes que podrían ser castigados con la pena de muerte, entre ellos el tráfico de drogas, el terrorismo y el uso de armas de destrucción masiva.

En 1991, Biden supervisó las comparecencias sobre la nominación del polémico juez Clarence Thomas al Tribunal Supremo. El entonces presidente, George H. W. Bush, eligió a este conservador juez afroamericano para que sustituyera a Thurgood Marshall. En pleno proceso de consideración por parte de los senadores, los medios de comunicación encontraron una mina de escándalos: Anita Hill, una profesora de derecho y asistente de fiscal que había trabajado previamente con Thomas, había declarado ante el FBI que el juez la había acosado sexualmente.

Biden tuvo que llamar a declarar a Hill e interrogó a Thomas sobre el asunto. "¿Le pidió usted una cita a la señorita Hill?", le preguntó el senador al juez. "Sí", admitió. Y en ese momento comenzó un tortuoso proceso de ratificación que acabaría con Thomas en el Supremo por un muy ajustado voto de 52 contra 48.

Biden es también un veterano miembro del Comité de Asuntos Exteriores, que preside desde que los demócratas ganaron la mayoría en el Congreso en 2006. Al senador por Delaware se le recuerda especialmente por sus múltiples viajes a los Balcanes durante la desintegración de Yugoslavia. En abril de 1993 se reunió con el dictador Slobodan Milosevic. Al descubrir que tenía ante sí a un fanático, Biden se puso nervioso. "Creo que es usted un maldito criminal de guerra, y que como tal debería ser juzgado", le espetó.

El ahora candidato a la vicepresidencia secunda además a Obama con un impecable historial de apoyo a las invasiones de Irak y Afganistán. Votó a favor de ambas guerras en 2001 y 2002. Aun así, si Biden va a ser la punta de lanza de Obama en asuntos internacionales, los suyos serán planteamientos moderados, demostrados en un largo historial de votos centristas en el Senado. Su filosofía se podría resumir en una frase que el senador ha repetido en diversas ocasiones, dentro y fuera de la campaña electoral: "La política exterior jamás se puede jugar en los extremos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de agosto de 2008