DIARIO DE UN PREOLÍMPICO | PEKÍN 2008 | FútbolColumna
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Fútbol de madrugada

Ayer sábado mi despertador sonaba a las 6.50. Mi hijo jugaba un torneo en Pamplona y había que estar en Bilbao para las 8.15. Llamada al viajante y ducha rápida para desayunar corriendo, que había prisa. Para entretenernos conectamos con los Juegos Olímpicos La primera imagen era la de dos equipos de fútbol abrasándose en un terreno de juego. Pensaba que era el Mundial de México y que estaba ante alguna reposición cuando he visto a Messi, que me ha recordado que en los Juegos también hay fútbol y medallas y para dar las preseas hay que jugar una final. Y eso era lo que estaba viendo. Ya sé que la causa puede ser el sueño, que estaba dormido o que, con tanto deporte, uno pierde la noción de finales, carreras u otras pruebas.

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He de reconocer que el fútbol tiene en mí un efecto hipnótico que hace que me quede mirando, ya sea una final olímpica o un partido de barrio. El partido estaba empate a cero y parecía muy igualado, con caras de gran esfuerzo en los dos contendientes, cuando los nigerianos han hecho una de esas cosas que explican que todavía no tengan un gran torneo en sus vitrinas. Pérdida de balón en ataque, salida de contragolpe franco para Argentina y una hermosa definición de De María, una de esas acciones que son más fáciles en la tele que en un césped con apariencia de muy seco.

Hemos recogido las tazas cuando, de pronto, hemos visto a los jugadores en la banda, reunidos en torno a unas cuantas botellas de bebidas isotónicas y de auxiliares que les daban aire. ¿Me había perdido algo? ¿El partido había acabado en empate y estábamos ante el descanso que precede a la prórroga? Hemos mirado al marcador, que seguía señalando la ventaja de los argentinos, cuando el árbitro reclamaba a los jugadores para reanudar el juego. Un control de avituallamiento en medio del partido para liberar a los jugadores (seguro que el árbitro también lo habrá agradecido) de un calor tremebundo. Solo lo había visto en un partido amistoso en Holanda, claro que era amistoso y eran los holandeses, que siempre han sido muy liberales con esto de las normas. El comentarista ha acabado de despejar la última incógnita cuando ha recordado que el partido se jugaba a esa hora porque luego venía la jornada de atletismo. Vamos, que empezamos antes de la inauguración y seguimos de teloneros. Nada nuevo en el Nido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 23 de agosto de 2008.

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