Reportaje:

Sangre nueva para Doñana

Los linces de Sierra Morena permiten aumentar la variabilidad genética

Entre los riesgos a los que se deben enfrentar los linces de Doñana como la escasez de alimentos (conejos, fundamentalmente) o los atropellos, existe uno invisible que se esconde en sus propios cuerpos: la escasa variabilidad genética en el que ha derivado años de consanguinidad de este reducido y aislado grupo de felinos (entre 45 y 50 individuos) en máximo peligro de extinción.

Para tratar de enriquecer el ADN de los ejemplares que campean por el parque nacional, la consejería de Medio Ambiente, a través del Proyecto Life, tiene en marcha un plan de traslado de algunos ejemplares de Sierra Morena, donde la población es mucho más numerosa (unos 130), para aclimatarlos y, finalmente soltarlos en Doñana. En septiembre se llevará a Huelva una pareja serrana, macho y hembra seguramente, donde serán liberados en la zona de la laguna de Santa Olalla.

La traslocación, que es el nombre técnico con el que se conoce esta operación, comenzó a fines del año pasado, pero no de la manera en que se había planeado inicialmente. "Queríamos usar esta zona de Santa Olalla, al Sur del parque, relativamente cercana a Matalascañas porque es una zona de la Reserva Biológica, protegida y con pocas amenazas", recordó ayer Miguel Ángel Simón, director del Proyecto Life del lince. Pero en sus planes se cruzó el brote de leucemia vírica felina que asoló el paraje de Coto del Rey poco antes del verano de 2007.

"Debido a la enfermedad, hubo que extraer a 11 linces infectados de la zona, entre ellos cuatro machos reproductores y Coto del Rey se quedó con tres hembras territoriales, pero sin machos", continuó Simón. Como medida de urgencia, se variaron los planes y decidió soltarse al primer macho de Sierra Morena, Baya, en esa zona, una vez comprobado que la enfermedad había sido erradicada.

Tras un periodo de aclimatación en un amplio cercado de Doñana, donde el animal pudo correr y empezar a entrar en contacto con las hembras que se acercaban al otro lado de la valla, el macho fue liberado. "Creemos que cubrió a las tres. Estamos seguros que cubrió a dos porque hicimos análisis genéticos. Una hembra tuvo cuatro crías, que terminaron muriendo, aunque sabemos que eran de Baya. Pero otra tuvo tres cachorros y todos salieron adelante. Ellos son la primera semilla para conseguir la variabilidad genética que estamos buscando", sentencia Miguel Ángel Simón. Baya y las tres hembras siguen en la misma zona y dentro de tres meses vivirán una nueva época de reproducción.

Los dos ejemplares que se trasladarán desde Sierra Morena en septiembre vivirán una experiencia muy parecida. Macho y hembra vivirán unos meses en el cercado de ocho hectáreas preparado para ellos, continuamente controlados a distancia por dos torres de vigilancia, cámaras de vídeo y señal de radio. Allí, es posible que la pareja se aparee y que el macho entre en contacto con la hembra territorial que se mueve libre por la zona. Si los animales se muestran tranquilos, serían liberados. "Eso ya sería un éxito. Y si hay reproducción, más todavía", señala Miguel Ángel Simón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de agosto de 2008.

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