Ante la amenaza, calma e indiferencia

"Nadie va a renunciar a sus vacaciones por estos descerebrados", dice una vecina

"Me vengo del País Vasco huyendo de esto, y me lo encuentro aquí". Entre los bañistas que en la mañana de ayer tuvieron que desalojar apresuradamente la playa de Guadalmar, en el extremo oeste de la capital, un hombre vasco, de unos 55 años, expresa su sorpresa y su hastío por la actividad de ETA.

Los miles de bañistas y turistas que tanto en Guadalmar como en Puerto Marina, en Benalmádena, vieron ayer truncada la programación del día festivo por la acción terrorista aceptaron en general la situación con resignación y tranquilidad, característica ésta muy resaltada por el delegado del Gobierno en Andalucía.

En Guadalmar, donde estalló el primer artefacto sobre las 13.00, dos horas después de que los bomberos recibieran la llamada de ETA, los bañistas dejaron sus pertenencias en la playa (sombrillas, sillas, comida...). Los de la zona no tuvieron preocupación, pero algunos que ayer terminaban sus vacaciones y regresaban a sus lugares de residencia volvieron a tratar de convencer a la policía de que los dejaran pasar. El problema era que el tercer artefacto no se había localizado aún, y estaba muy cerca, junto a la desembocadura del río Guadalhorce.

"Estos sólo quieren fastidiar, ya está bien, siempre hacen lo mismo, un verano y otro, pero la gente no puede dejar de hacer su vida normal, ni va renunciar a las vacaciones porque estos descerebrados lo quieran", afirmó una residente en Guadalmar.

En la feria de Málaga, la noticia se extendió con incertidumbre pero no causó perturbación. Nadie parecía temer que la acción terrorista fuera a empañar la fiesta. "No creo que se acabe el mundo". "Todo va a seguir igual, y no creo que la gente se eche atrás por esto", se afirmaba entre los asistentes.

El consejero de la Presidencia de la Junta de Andalucía, Gaspar Zarrías, que se encontraba en Málaga, resaltó el "espectacular" trabajo realizado por las fuerzas de seguridad para procurar el desalojo de las zonas donde se colocaron los artefactos y mantener el orden en los accesos a Málaga. "ETA no puede bajo ningún concepto romper con una profunda tradición que tiene a Málaga como lugar idóneo para disfrutar de las vacaciones", dijo.

El alcalde de Benalmádena, Javier Carnero (PSOE), lamentó el empeño de ETA de "querer acabar con nuestra principal industria, que es el turismo" y se felicitó por el trabajo de las fuerzas de seguridad que, dijo, son el aval para que "todos podamos sentirnos tranquilos".

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre (PP), también apeló a la normalidad y a la indiferencia. "Tenemos que hacer lo contrario de lo que los terroristas quieren que hagamos; estamos en fiestas y no van a poder con nuestra feria. Estos canallas no merecen más que nuestro rechazo tajante", espetó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 17 de agosto de 2008.

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