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Reportaje:PEKÍN 2008 | Faltan 3 días para los Juegos

Prohibido hablar de política

El COE exige a los deportistas españoles que no hagan declaraciones 'molestas' para el régimen

A la Villa Olímpica llegó Alejandro Blanco, el presidente del Comité Olímpico Español (COE), para reunirse con sus deportistas. No muchos; apenas las chicas del baloncesto, la selección de esgrima, el dúo del voley-playa; Pablo Abián, el del badminton, o el maratoniano Chema Martínez. "Es difícil reuniros a todos", se lamentó Blanco antes de felicitar a los que estaban y a los que están por estar donde están, en Pekín.

Luego, tras las felicitaciones, llegaron las advertencias. Hablar podrán hablar. Pero de política ni una palabra. Nada de mencionar la precariedad de los derechos humanos en China o el conflicto del Tíbet. "Hemos preguntado a Jacques Rogge [el presidente del Comité Olímpico Internacional] y nos ha contestado que la Carta Olímpica se cumplirá taxativamente", manifestó Blanco; "no se pueden hacer declaraciones de contenido político en la zona olímpica: ni en la Villa ni en las instalaciones. No se puede escribir en medios de comunicación. La consecuencia es la retirada de la acreditación y a casa. Ya somos todos mayores. Es el momento del deporte y de los deportistas. El de la política será otro. Os lo tenía que decir". Y se lo dijo. En Sidney 2000 o Atenas 2004 no habría habido necesidad de recordar el punto 3 de la Norma 50: "No se permitirá ningún tipo de manifestación ni propaganda política, religiosa o racial en ningún emplazamiento, instalación u otro lugar que se considere parte de los emplazamientos olímpicos".

Blanco recuerda que incumplir la norma supondrá "perder la acreditación y a casa"

Ya somos mayores. Es el momento del deporte", añade el presidente del COE

Las manifestaciones políticas, religiosas o raciales están vetadas por la Carta Olímpica

Sólo Amaya Valdemoro se atrevió a preguntar: "Alejandro, ¿habrá jamoncito?"

Terminó su discurso el presidente y abrió el turno de preguntas. Silencio sepulcral. "¿Qué? ¿Vergonzosos? ¿Ni tú quieres preguntar, Amaya?", insistió el directivo mirando a Valdemoro, a quien todos consideran extrovertida. Y la baloncestista, que lleva tatuado en la nuca el nombre de su madre, fallecida, no se cortó un pelo y se arrancó acelerada: "Alejandro, ¿habrá jamoncito?", preguntó quizás enterada de que su importación está prohibida en China. "Sí, hemos traído uno por deporte. Y vino español". La lluvia de aplausos fue lo más movido del día en Pekín, donde el aire castiga cada gesto, el sudor navega a riadas y la polución impide ver los gigantescos estadios a más de cinco metros de distancia. Lo resumió tras entrenarse el sablista Jaime Martí: "En la Villa estamos de fábula, pero cada vez que salimos sudamos como pollos".

Las cifras asustan: 35 grados y 50% de humedad a primera hora de la mañana, aunque la previsión era alcanzar el 90% al caer la tarde. Por eso las banderas de Irán, como las de Brasil o España, desfallecen sin viento en las ventanas de las habitaciones de la Villa. Por eso las mujeres se protegen del sol invisible con paraguas multicolores y finos guantes hasta el codo. Por eso los deportistas llevan chancletas con sus colores nacionales, que, en el caso de Valdemoro, permiten ver uñas rojigualdas. Y por eso Martínez, maratoniano, remueve sobre su vientre plano una película aceitosa, mezcla de sudor y polución solidificada, tras sólo dos minutos a la intemperie.

Terminaron los españoles, se cruzaron con el ajetreado Gaietà Cornet, que ha llegado desde los 400 metros -es el único español que ha bajado de los 45s- a la jefatura del equipo y, metidos ya en el horno, donde les esperaba el control de seguridad de la Villa -"¡qué pesaos!"-, pasaron por delante de un banco, dos cafeterías, una peluquería, una zona enorme dedicada a juegos de consolas y una macrosala para conectarse a Internet.

Además, podrán estudiar chino: una diminuta profesora señalaba con su puntero símbolos ilegibles mientras algunos alumnos-deportistas repetían sus sonidos guturales. No había españoles.

"Ganaremos más de diez medallas, pero menos de cien para no ganar a Estados Unidos ni a China", les dijo Blanco; "a un españolito ya no le tiemblan las piernas ante citas como ésta". Y asintieron los deportistas, que llevan varios días compartiendo pisos en la Villa, disfrutando del lujo de beber agua del grifo -algo inusual en China- y paseando por sus 370.000 metros cuadrados. "¿Todo bien en la Villa?" "¡Sí, sí!", contestaron a coro.

A Blanco, que terminó el día cenando en la Casa de España, en la Beijing Tower, donde se puso en las manos de Paco, el cocinero del restaurante La Criolla, de Valladolid, no le sorprendió nada: "Nos hemos pegado hasta con el rosario de la aurora". Como ellos por estar aquí. Un lujo. Hasta jamoncito tienen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de agosto de 2008