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Columna
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PAPELERA DE RECICLAJE

Pasar muchas horas frente a la pantalla de un ordenador nos hace llegar a pensar como Windows, a movernos cual Linux o a soñar a lo Mac. En algunas incómodas situaciones nos gustaría encontrar la combinación de teclas que nos permitiera escapar. Sin embargo, lo más tentador sería reiniciar de vez en cuando nuestras vidas, como si de un sistema operativo se tratara. Entre esas reminiscencias del mundo virtual está la de enviar a la papelera de reciclaje lo que no nos gusta. Qué cómodo poder lanzar al bote de la esquina las expectativas frustradas, las promesas incumplidas y aquello que superó su fecha de caducidad.

Después de escuchar el discurso de Raúl Castro el 26 de julio, envié a mi cesto personal las últimas ilusiones que me generaban las posibles reformas en Cuba. Con un simple clic pasé del bando de los expectantes a plantarme en el abultado coro de los desengañados. Hice un atado con las demandas que llevaba bajo el brazo y las lancé al hueco oscuro de la basura.Un acto masivo de limpieza ha ocurrido en esta isla desde el pasado sábado. Millones de cubanos hemos empaquetado las expectativas, podado el optimismo y metido en saco los pronósticos. Los que aguardaban un anuncio, un guiño que confirmara que algo se movía, tuvieron en las palabras del segundo secretario del Partido Comunista la prueba del frenazo. El acto político -imbuido del peor kitsch revolucionario- fue el escenario para enterarnos de lo que muchos sospechábamos: el traspaso de poder se ha efectuado y ya no son necesarias las promesas de cambio.

Por ahora tenemos la papelera de reciclaje repleta de expectativas deshechas. Algunos esperan un suceso que les permita restaurarlas en su lugar; otros alargamos la mano para eliminarlas definitivamente.

Yoani Sánchez, autora del blog Generación Y. Ganadora del Premio Ortega y Gasset de Periodismo.

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