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'The day after' balcánico

Éste es, en principio, un libro de viaje. A medida que el lector se adentra en él, entiende que se trata de, a su modo, un libro de formación. Y finalmente, llegados a Babadag, en el delta del Danubio, ve con claridad que es la expresión de una conciencia. Es un camino que hace Stasiuk cubriendo los Cárpatos, la meseta Checo-Morava, la Gran Llanura Húngara, la Llanura Rumana y los Balcanes, es decir, aquellos países llamados del Este que emergen de las ruinas de la Unión Soviética, cuya condición es de ruina también, cuya alma sigue estando dividida entre Europa y Asia, cuya carencia de relación con su propio pasado es dramática. "Husmearía", dice, "en busca de lo pasado, buscaría aquel incesante 'antaño' que en mi tierra es presente, ya que el 'mañana' en realidad nunca llega porque se detiene en países remotos cautivado por sus encantos, sobornado o, tal vez, simplemente cansado". Su mirada es como la del Rey Pescador, pero no su actitud; donde el Rey se sienta de cara al mar a esperar el hecho milagroso que libre a su tierra de la esterilidad, Stasiuk se pone en camino para contemplar esas tierras que, de todos modos, son las suyas.

De camino a Babadag

Andrzej Stasiuk

Traducción de Alfonso Cazenave

Acantilado. Barcelona, 2008

312 páginas. 24 euros

El variado mundo que se ofrece a los ojos de Stasiuk es una mezcla de pérdida y descomposición. Como es un gran descriptor, en cuanto relaciona industria y naturaleza, hombres y animales, pobreza e ignorancia, traza un cuadro impresionante de todos estos países que ahora son Europa. Su mirada se posa en los cadáveres de la industria que fue el orgullo del comunismo: edificios abandonados, la desesperación de la tecnología en decadencia, pura herrumbre que forma una especie de lazareto de chatarra, piezas de metal tiradas, gomas, cristales, auténticos vertederos al pie de las casas ("Entre las ruinas, en medio del basurero, en verdes terroncitos de hierba martirizada pastaban vacas. A la sombra de una gigantesca chimenea de acero desfilaba con paso menudo un rebaño de ovejas..."). Hombres, máquinas, animales, naturaleza, todo confundido, todo destartalado y una sensación de venir de ninguna parte, de dirigirse a ninguna parte. La descripción está llena de cosas y las cosas ocupan espacios, locales, playas, descampados, rincones, esquinas..., partes de un extendido desguace general, "un the day after balcánico". La descripción está también maravillosamente llena de olores y colores. Cuando llega al delta, al borde del mar Negro, un día de calor y aridez y marismas sofocantes, siente que "el continente ardía allí lentamente como el borde de una tela".

Stasiuk observa con piedad a las gentes como si acabaran de despertar y ponerse en marcha sin saber bien adónde dirigirse; su mirada está llena de humanidad cuando mira a esa gente que "imitaba su propia idea de un mundo que estaba en otro lugar", ese Occidente que es un mito, una entelequia y un acto de imaginación, todo a la vez. Y en medio de ese desgajamiento y de ese olvido, el viajero va construyendo su propia imagen, con humildad y compasión, se aparta de las urbes y prefiere cultivar la nostalgia del país pequeño, que suena a refugio, a añoranza de una vida que está en otro lugar. Y su amor a la libertad le hace fijarse en los gitanos, porque la verdadera Europa sin fronteras -se dice- es la de los gitanos. Stasiuk padece de pesimismo eslavo y su canto, el canto de su viaje, es un texto bellísimo, con la belleza y la sensualidad de la "descomposición y de todo lo que no es como podría o debería ser". El relato de esos mundos en conflicto consigo mismos es el relato de su propia conciencia de tiempo presente consumado: "Éste es el verdadero semblante de mi tierra, de mi parte del continente, precisamente esa variabilidad que nada varía, ese movimiento que se agota a sí mismo". Este libro contiene la verdad profunda, dura y correosa de una parte de nuestra Europa; su autenticidad es poderosa y dramática; es la vida de nuestros vecinos cercanos como nadie nos la va a contar con tal valor, emoción y belleza. Un viaje inolvidable. Un libro inolvidable también, porque, para nosotros, es una lectura del "otro", un ejercicio obligado. Y una lección de escritura. Que no se pierda entre los muchos títulos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 18 de julio de 2008.

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